Por Mónica Manrique

Otro domingo más en que San Antonio de Arredondo  demostró ser el mejor lugar para adentrarnos en la cultura popular de la música y  danza. No tan sólo por el reconocido Encuentro Nacional Cultural del mes de diciembre, sino porque que mes a mes, de la mano del Negro Valdivia, todos los grandes de la música que transitan por los mayores escenarios del país, se acercan  a nuestro pequeño paisíto, hasta el Rancho Martín Fierro.

Llegan de toda la provincia  a nuestro pueblo  casi desconocido, si no fuera porque esta impronta de la cultura musical lo ha puesto en la palestra del país. San Antonio de Arredondo, sólo tiene la cultura independiente como  sello propio y nada más.

Este domingo extraño con viento, sol y nubes nos bendijo con su temperatura para poder deslumbrarnos en un encuentro único. Una de las más grandes figuras de la música popular argentina, Ángela Irene y una joven pampeana que sorprende, Lucrecia Rodrigo, acompañadas por Hugo Suarez Y César Fernández, magnificaron nuestro pueblo.

Dos generaciones de pampeanas que se empoderaron del escenario del Rancho, para hacernos sentir en la piel, despojada de todo, salvo las voces y selección de huellas, chacareras, zambas, cuecas cuyanas , pero sobretodo, despertar en cada uno de los presentes, risas, lágrimas, emociones vívidas ante tanto talento a dúo.

El querido Patrico Mulhall Yacante, músico y bailarín comenzó con su guitarra y voz enorme a encender el Rancho de talento, para preparar la alfombre verde, como nuestras sierras, a las portadoras de un espectáculo único.

Un mediodía que ancalló en  la magia. El Negro Valdivia, intimista, sentado en el escenario nos contaba que  “Allá , por la década del 90 en un lugar “EL desalmadero” en Buenos Aires, con aires de resistencia, Hamlet Lima Quintana, Ariel Torres y  Mercedes Sosa, entre otros,  defendían la cultura desde ese espacio y le ofrecieron la conducción a él, que ni se atrevía al micrófono”. Pie de relato para que Ángela relatara que  de la mano generosa de Ariel Ramírez, transitó una década en común y al recordar este espacio que Valdivia  comentaba,  nos susurró con voz entrecortada “En ese momento, al estar allí, pensé que me podía morir tranquila”  y agregó, ante un silenció único  en el Rancho, dónde  los autos no circularon por la ruta, los pájaros silenciaron su piar para escucharla decir “Nunca estuve en una peña. El profesionalismo, desde pequeña, me llevó a horarios, ritmos programados y hoy, por primera vez en mi vida, estoy en una peña, la de este Rancho viviendo une encuentro significativo  y de enorme generosidad”.

Con una presencia soberbia, entera y deslumbrante  Ángela Irene nos contó en clave de confidencia “Es la primera vez que canto en una parrilla. Salí, con la fuerza y propuesta de Lucrecia a caminar nuevos caminos y estoy feliz”.

Nuestro Rancho Martín Fierro  se ahondó en silenció. Ángela  relató sus inicios, con su porte que nunca cambió desde que ganó el festival de Cosquín en 1977 y su trayectoria fue imparable.

Hoy, con una compañera de ruta con rulos rubios al viento, una voz increíble y juventud atronadora, transitan unidas  por el amor a la música.

Entre cantos y bailes Ángela nos sorprendió al relatarnos que siempre quiso venir al Encuentro Nacional Cultural, por lo que escuchaba de sus amigos músicos y lo que representaba en el país para los músicos independientes  esta propuesta única y superadora. Ahora, con la polenta de Lucrecia y el reconocimiento público hacia el Negro Valdivia como hacedor cultural, seguro que nos volvemos a encontrar, bajo un cielo estrellado en diciembre, en el Encuentro

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