Por Mónica Manrique

Camino a  Mayú Sumaj para entrevistar y conocer a Carlos Vidosa, escucho en la radio la frase de una canción “Y la vida es la muerte demorada” mientras voy a  entrevistar al padre de una joven para quién la vida fue la muerte apresurada.

Carlos Vidosa me sorprende. Llega en una camioneta vieja, con unos minutos de retraso, porque vuelve  de laburar en Cuesta Blanca. Trabajador de oficios varios relacionados a la electricidad y construcción, dejó un tranquilo y seguro puesto en EPEC después de 16 años, porque marcar tarjeta y depender de otros, ya no formaba parte de su elección de vida.

Pero todo cambió desde el día en que la ex pareja de su hija Ingrid -Marcos Hayes-la asesinó.

Carlos es una persona serena, amable y ninguna pregunta le incomoda. ¿Qué  te traería un poco de paz? “Cerrar esta etapa. Ingrid fue una persona excelente, entonces no me interesa nada de lo que digan en el juicio porque se lo que era como hija, como madre, como persona comprometida con los demás. Estas son las cosas que me mantienen. Primero dije que no iba a ir al juicio porque parecía que no me lo iba a aguantar, pero después me vino un torbellino de fuerzas que dije ¡No, tengo que enfrentar todo esto y necesito verle la cara a este hijo de puta y cuando le digan que tiene perpetua!”

“Tengo que cerrar esta etapa para empezar una nueva. Terminó lo de mi nieta  y logré la tenencia. Creo que eso me mantuvo fuerte hasta ahora – y agrega rápidamente- el otro día en la primera audiencia me enoje con el tipo este y me cuestionaron y siempre digo es fácil cuestionar cuando no sentís que se te fue alguien y lo tenés enfrente al que te la hizo ir. A medio metro.  Estaba muy sereno porque no sabía lo que era un juicio, pero al pasar al lado lo quise trompear. Creo que fue la única vez que me descontrolé en estos años. Sentí una respiración muy fuerte y el corazón me latía  mucho”.

“Me fui preparando sabiendo que el crimen de Ingrid fue de terror, siguiendo las noticias aunque muchas cosas no eran ciertas. En esta casa me quede a curar las heridas y no me podía ir de acá porque tenía que aprender a convivir con esto. De acostumbrarme a ver el lugar de Ingrid y que no esté. Me llevó un año desarmar su habitación porque pensaba que iba a volver y saber que nunca más va a estar. Es la vida”.

En silencio va restañando las heridas

“Durante estos más de dos años estaba tranquilo, aprendí a vivir la vida con dolor, resignación y extrañando a Ingrid. Ella vivía conmigo y su hija. Y todos los días era  un Hola Pa ¿Cómo estás? Yo llevaba a mi nieta al colegio y cuando ella estaba trabajando en la Coopi se la llevaba. Una chica excelente, buena madre. Muy buena hija, colaboradora, sencilla. No hablo desde el lugar de padre sino como que conocí a una persona. Yo viajo mucho en moto y eso de andar te hace ver las cosas de otras de otra manera”.

Ceba unos mates. Se sacude el polvo y la cal de su remera pidiendo disculpas por no haber podido cambiarse, para detener su mirada en un punto invisible. “Estuve en silencio, para mis adentros. Nadie sabe lo que siento porque no hablo, no me gustan que me tengan lástima y para hablar hay que estar con personas especiales. Yo sufro para los adentros, lagrimeo un poco y me recupero a enfrentar lo que venga. Cando me separé en el 2004 me fui a España y me tuve que tomar un avión y volverme para estar con mis hijos dejando un trabajo en una empresa en la que me trataron muy bien. Me quede sin trabajo, sin guita, sin nada. Y de la mano de mis hijos salimos adelante. Nadie me quería dar fiado, me estaban por cortar la luz y cuando estás con necesidad es peor, nadie te da bola. Cuando estaba bien económicamente tenía amigos y cuando estaba parado con la caja de herramientas en la parada del colectivo para ir a trabajar, miraban para otro lado y se iban. Pero tengo dos amigos que siempre estuvieron ayudándome. Y en este tiempo el Dr. Carlos Nayi se hizo cargo de todo, hasta del juicio por la tenencia de mi nieta. No me abandonó.

Carlos Vidosa   comenta   que ahora  no sale porque no quiero contar lo que vivió en el juicio “¿Para qué? Estos últimos tiempos aprendí a no hablar. He puesto el pecho en el momento que encontramos a Ingrid, puse el pecho por la tenencia de mi nieta y cuando murió mi viejo no lloré. ¿Por qué? estoy satisfecho de lo que era, del ejemplo que me dio. No lo puedo llorar. Estoy recontento de la sabiduría y las cosas que me dejó. Cuando murió mi Ingrid tampoco lloré  porque con lo que le enseñé se convirtió en la persona que era, ¿porque la voy a llorar? Con lo que nos pasó  vivís al día. Dejas de creer en muchas cosas. Vivo el día a día, después veré que hago”

¿Por qué mataron a mi hija?

“A veces uno se pregunta porque nos pasó esto a nosotros que no estamos metidos en nada raro, somos gente de laburo y lo que mis tres hijos vieron en mí es gente de trabajo. Ingrid es una persona  muy, pero muy especial, hasta ayudaba a ese criminal dándole dinero para la cuota alimentaria para que no tuviera problemas con la mujer.

Siempre estaba emprendiendo cosas. Había iniciado un micro emprendimiento de artículos de limpieza y yo escuchaba por ahí  ¡Che, que hiciste con la plata! la usaba, ella ponía el nombre, el trabajo y él le sacaba la plata. Muy manipulador.

Nunca pensé que esa relación iba a tener un desenlace de ese tipo. Que le hubiera pegado, uno puede pensar que está dentro de las posibilidades, pero encontrarte con  eso fue un sueño. Como será que la conocía a Ingrid que cuando me llega el mensaje  al teléfono a las 19.46, mirá como me acuerdo todavía,  que decía  “Estoy cansada de ser madre soltera, de vos, de mi mamá” esta no es Ingrid, dije yo.  Y ya estaba muerta a esa hora.

Salí a buscarla y buscarla, porque sabía que algo le había pasado. Decidimos esperar hasta el día siguiente pensando que estaba llorando por ahí o enojada por algo. Mientras tanto  la llamaba  al   teléfono y nada y después mandaba al contestador. Y este Sr. desde su teléfono me preguntaba si sabía algo de Ingrid que le avisara, que estaba preocupado. Al otro día me comunico con él para preguntarle por Ingrid y me respondió que no sabía nada. Y pasó lo que pasó y todo fue muy duro porque se convertía en sueño, un sueño en que te despertabas y era cierto”.

Su cara ha cambiado. Aprieta el mate con fuerza y se recuesta en la silla de la cocina. “Te puedo decir que es el dolor más grande que puede tener un   padre, no tiene límite. Yo me iba a dormir y despertaba pensando que era un sueño  y después  con el correr del tiempo se te pierde la sonrisa, casi todo.  Todos estamos muy tristes, nuestra  vida dio un vuelco terrible.  Yo era una persona social y ahora no tengo ganas de estar con gente”.

De sus tres hijos, el mayor vive en Brasil, Ingrid que siempre estaba con él, no está más y  Dafne, la más chica, ahora va a cumplir 18 años. Siempre sus tres hijos vivieron con Carlos  y también su nieta.

“El juicio comienza de nuevo el 16  y puede terminar rápido, pero para mí, va a ser toda una eternidad. Yo era una persona a la que le gustaba dormir. Hoy en día  no puedo. Es insoportable. ¿Cómo puede ser que haya gente con tanta violencia? ¿Quitar la vida a otro? ¿Quitarle la libertad? Durante el juicio sólo quiero saber por qué este tipo la mató. ¿Por qué tanta crueldad? Y a lo mejor, después, pueda volver a dormir y cerrar esta etapa.

 

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