Carmen Valdivia: del monte al hotel

Vive en Cuesta Blanca desde 1950

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Por Mónica Manrique

Carmen Valdivia tiene una enorme sonrisa que siempre está presente en sus relatos de la vida que vive en Cuesta Blanca, desde  aquel 7 de abril de 1950 en que nació  en una tierra solitaria, en el arroyo San Pablo, rio arriba.  Su padre fue minero, y por eso al igual que su   hermana, nacieron  en medio del campo  hasta donde se acercaban  las comadronas  a  instalarse en la casa durante una semana, quince días y atendían a las parturientas  hasta que los niños nacían.

“El campo en el que vivíamos era de Don Genaro Carranza y alquilábamos, pero no tenía nada que ver con la zona de Cuesta Blanca que pertenecía entonces a los Moreno” comienza a narrar Carmen. “Mi padre, que también fue policía,  tenía minas de mica, una en Cuesta Blanca “La Intrasigencia” y estaban haciendo una excavación en ese  túnel para sacar los escombros y agarrar la veta y cuando estaba trabajando le da un infarto y murió a los 55 años”.

“Al morir él nos quedamos unos dos años más en el campo, donde teníamos algunos animales  y nos vinimos  con mi mamá  a Cuesta Blanca donde alquilamos una casita. Yo tenía 14 años. Y  empecé a trabajar en  la Colonia de los Viajantes y después me vine a trabajar a este lugar- refiriéndose al hotel de Fatfa -que entonces se llamaba  “Hostería El Abuelo” que era chiquita y sus dueños  ingleses, me enseñaron todo el oficio. Cuando tenía 17 años la hostería se vende a la Federación de los Empleados de Farmacia”.

Recuerda con afecto a los ingleses que la querían como a una hija, y cuando ellos se  van a   Carlos Paz dejando Cuesta Blanca, se va  a vivir con ellos y de allí se mudaron a Mendoza pero  “después de estar cuatro meses, pegué la vuelta- comenta -. Extrañaba mucho a mi mamá. Ella era cocinera en el hotel y entre a trabajar ahí  de nuevo, desde los 18 a los 26 años que dejé porque me casé, quede embarazada, tuve tres hijos y me dedique a criar niños. Y cuando la más chica tenía tres meses empecé   a trabajar de nuevo y no paré más”.

Acostumbrada al trabajo duro en el campo, Carmen revive en palabras el pasado con sus hermanos “Vivíamos del tambo  y vendíamos  la leche en Icho Cruz y Cuesta Blanca en un sulky y mis hermanos, que eran los más grandes iban a  caballo, con las botellas  en las  alforjas. Todo el mundo nos conocía porque esto era chiquito, con pocas casas. También vendíamos verduras, frutas, quesillo de cabra. Todo lo que se hacía se vendía”.

Ahora se quejan de los usurpadores, pero antes también usurparon

¿Cómo era Cuesta Blanca hace 60 años? “Había muy poquitas casas. Los primeros fueron los Crosetto que eran dueños de los campos. Ahora se quejan de los usurpadores y en aquel tiempo también usurpaban las tierras. Yo tenía un tío, marido de la hermana más grande de mi mamá, Federico Moreno, que era el dueño de estos campos. Un hombre que no sabía nada y le hicieron firmar un montón de papeles y se quedaron con todo y él se quedó sin nada y se tuvo que ir a vivir a Villa Independencia en un campo que arrendó”.

Carmen Valdivia se ubica por los apellidos y las casas y nos adentra en la historia familiar de estas décadas. “Ellos fueron los primeros pobladores de la zona. Cerquita del puente tenían su casita. Hay una franja que baja donde está la Playa de los Hippies y eso era supuestamente  de mi tío Moreno y arriba, estaba la casa de los Valdivia, mis tíos, conocida como la  “La quinta de los Valdivia” en la había de toda clase de plantas frutales , todo esto me acuerdo de cuando yo  era chiquita. Eran muy poquitas casas: la de Guzmán, Chávez, López. Tenían animales y trabajan en las minas de mica, cuarzo y berilo”. Crosetto arma la villa  como los supuestos dueños originales  y como eran varios, venden parte de la tierra para hacer la hostería a los ingleses.

Esa costumbre de decir:  viven a la vuelta de la curva, o pasando el arroyo o cerquita de…aún se mantiene, por lo que tratar de ubicarlos por la dirección no es difícil, todo está señalizado, pero es mucho más fácil llegar y preguntar  dónde queda la casa de…

“Acá- señala con los brazos extendidos, en Cuesta Blanca no había casi nada. Icho Cruz tenía la escuela primaria a la que íbamos nosotros, almacenes, correo. Y en este pueblo el único que estaba en el puente era Don Oyola, conocido por ser Presidente de la Comisión Vecinal, que hacía y deshacía acá y junto con una cuñada tenían el único almacén que había y estuvo en el cargo hasta que se murió, porque en realidad a nadie le interesaba mucho. Después comenzó la organización del pueblo como debía ser. A partir de ese tiempo ya se convierte en más Villa, a venir gente de otros lados y los veranos eran lindos,  la gente venía en diciembre y se iba en marzo. Aparte había jóvenes, con barritas, se hacían guitarreadas y todo cambiaba después del invierno solitario”.

La casa que llama la atención por la aerosilla

Hay una casa, en la subida de la ladera que tiene una aerosilla con bajada al rio que llama la atención. Los dueños eran los Maswell de Bs As, empresarios de mucho dinero cuya  hija tuvo un accidente quedando inválida “pero la aerosilla la hizo antes del accidente de la hija, porque era una bajada feísima y así podían bajar al río y después la tuvo que usar con la hija que vivió el accidente- cuenta Carmen – El hijo de este señor, era uno de los diseñadores de los trajes espaciales de la NASA, un personaje. Después que muere el padre, al tiempo la hermana, al morir  la madre vende la casa. Como vivía  en Norteamérica estaba muy lejos. Venía más seguido cuando estaba el Centro Nuclear en Río Tercero y después de la famosa explosión, dejo de venir. Él quería poner una hostería pero tuvo problemas con los encargados de las refacciones, entonces se enojó  y la vendió”.

Una zona de ambiente protegido

“Cuesta Blanca no tienen negocios prácticamente. Dos almacenes, un barcito y la comuna comienza a crecer  con la gestión de Andrea Jordán – detalla Carmen Valdivia-. Ya teníamos la policía, se alquiló para la sede comunal, se puso el dispensario y ahora ya tenemos más servicios. El hotel siempre está abierto para las charlas de todos. Los ecologistas se reúnen a veces, para tratar temas vinculados al cuidado del suelo porque esta zona es ecológicamente protegida, como la Quebrada del Condorito. Si caminás por la orilla del río no vas a encontrar costanera hecha por el hombre, hay senderos.  Todo está como la naturaleza lo hizo. No se pueden arrancar árboles autóctonos porque te ponen unas multas…no se pueden mover áridos sin permiso de la comuna y así se ha logrado mantener la zona equilibrada”.

¿En qué se diferencia Cuesta Blanca del resto de las localidades de la zona? “En que cuidamos  el medioambiente, la ecología, los ruidos molestos, estamos acostumbrados al silencio y la soledad. Pero desde hace un tiempo se vino mucha gente a vivir por acá y  hay algunos movimientos de emprendedores inmobiliarias que avanzan sobre las tierras fuera del  ejido comunal que tiene en alerta a todos los ecologistas, profesionales y vecinos que están atentos  ante esto. Y si esto ocurriera, se acabaría la paz que tenemos”.

Fuera del hotel, la noche acerca las estrellas y el olor a tierra seca. Las  lechuzas miran desde el árbol cerca del estacionamiento. Regreso por las calles en silencio cuando dos jovencitas, con mochilas y carpas,  me detienen para preguntarme como llegan a la playa de los Hippies. Las acerco hasta dónde se puede llegar con el auto y ¿De verdad? Casi me voy con ellas.

 

 

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