Catalina: una monja que rompió con la tradición del silencio y se dedicó a educar.

Los relatos orales hablan del “grupo de monjas” que pasaron a caballo para traslasierra, en 1880, por las tierras de Don Arredondo, para ir con Brochero a la escuela de mujeres.

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Por Mónica Manrique

A partir de la beatificación  de Catalina María Rodríguez, fundadoras de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, el sábado 25 de noviembre, se hizo de conocimiento masivo la historia de esta mujer de la que se relatan historias en el sur de Punilla, por transitar un camino difícil y peligroso, cruzando las  Altas Cumbres a caballo, junto a otras 16 monjas, para crear el colegio  y la Casa de Ejercicios que tanto necesitaba el  Padre Brochero.

“Brochero y Catalina se conocen en una Casa de Ejercicios Espirituales donde Catalina como laica iba a ayudar, que está en la calle Deán Funes de la actual Córdoba. Brochero como seminarista iba a hacer ejercicios. Luego los reúne el trabajo por la epidemia del cólera, y ahí está también Tránsito Cabanillas. Si bien esto no está documentado, los tres coincidieron en la misma tarea, y la tradición oral así lo dice”, señala la Hermana Silvia Somaré, de la Congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús.

Pero el vínculo del Santo con Catalina llegó más allá: Brochero era un transgresor y un audaz, y fiel a esta característica propia, se animó a confiar en Catalina para expandir sus planes de educación y de ayuda a la mujer. “Nuestra congregación tenía cinco años de fundada, y aun así le pide a Catalina que fuera a traslasierra a encargarse de la Casa de Ejercicios y del Colegio de Niñas”, cuenta Somaré y agrega: “En una época donde no había educación formal para mujeres, él funda este Colegio para mujeres y le confía la educación en este lugar a otras mujeres”.

La hermana María José, perteneciente a la congregación fundada por Catalina, trabaja en Cura Brochero y cuenta que fue en 1880 cuando partieron 16 hermanas a caballo para cruzar las Sierras: “Ese fue el primero de muchos viajes, y es parte de la historia silenciada de los cordobeses que inspira e impulsa para seguir trabajando”.

Quién es Catalina

El 27 de noviembre de 1823, el centro de la ciudad Córdoba -que entonces sólo tenía 10.000 habitantes-, vio nacer a Josefa Saturnina Rodríguez, aquella mujer de familia política, cultural y religiosamente famosa, quien cuatro décadas más tarde se convertiría en la Madre Catalina de María,  fundadora de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús.

“Como toda mujer de la época, no iba a la escuela, no tenía formación, pero la familia de Catalina tenía el sello jesuítico, en lo social, lo cultural y lo religioso. A los 3 años muere su mamá, y a los 8 su papá. A los 17 años hace sus primeros Ejercicios Espirituales, algo muy propio de los Jesuitas, y allí siente por primera vez su vocación: ella quería ser como los Jesuitas, pero en mujer, algo que era imposible para la época porque las mujeres estaban puertas adentro, más las religiosas”, cuenta la Hermana Silvia Somaré, Esclava del Corazón de Jesús, quien ha investigado la vida de Catalina y escrito libros sobre ella.

A los 28 años, Catalina se casó con el Coronel Manuel Zavalía, un viudo que tenía dos hijos. Con él formó su familia, y tuvo una hija que murió al nacer. En 1865, 13 años después, enviuda y allí es cuando renace con fuerza su primera vocación. Le preocupaba que ediliciamente a Córdoba le hiciera falta una Casa de Ejercicios, y para eso piensa en su terreno.

Según ella misma lo cuenta en sus Memorias, el 15 de septiembre mientras iba de camino a rezar al Monasterio de las Catalinas, la inundó el “pensamiento que tenía un terreno bastante grande en el que se podía edificar una Casa de Ejercicios y formar una comunidad de señoras que estuviesen al servicio de ella. Observaríamos las reglas del Instituto de San Ignacio, enseñaríamos los domingos la Doctrina a las niñas y asilaríamos a esas mujeres que se llevan a Ejercicios casi por fuerza y después de concluidos vivirían con nosotras, les enseñaríamos a trabajar”.

Pero lo que la conmueve y la saca de ella misma es la situación precaria que vivían las mujeres de la época, por lo que piensa para ellas un plan de vida en el que involucra su propia vida. “Formó una comunidad de señoras al servicio de las mujeres. Señoras eran aquellas casadas o solteras que tenían un buen apellido, un buen abolengo, o dinero”, señala Silvia Somaré, y añade: “Mujeres eran las sirvientas, esclavas, prostitutas, negras. Catalina da vuelta el paradigma: serían señoras al servicio de las mujeres, para protegerlas y porque les da pena verlas en peligro por la necesidad”.

Luego de siete años de arduo trabajo, entre ellos en la epidemia del cólera, en 1872 fundó en la provincia el instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, dedicado a la educación y promoción de la mujer y atención de casas de ejercicios espirituales. Esta congregación se expande de manera posterior por todo el país, y tras su muerte se continúa por Chile, España y África.

La Madre Catalina murió el 5 de abril de 1896, en el atardecer de un domingo de Pascua, y fue declarada venerable el 17 de diciembre de 1997 por el entonces papa Juan Pablo II.

Porqué se la beatifica

Sucedió en Tucumán, donde las Hermanas Esclavas tienen un Colegio. Sofía, madre de una profesora del instituto sufrió una muerte súbita y fue auxiliada por su hija, su esposo y un vecino, quienes la llevaron sin signos vitales a una clínica. Más de quince minutos pasaron hasta llegar al nosocomio, donde los médicos intentaron la reanimación mientras la familia rezaba la oración a Madre Catalina. Pasados aproximadamente veinte minutos de vanos intentos para lograr que el corazón volviese a funcionar –sin signos vitales ya llevaría unos 40 minutos-, el médico decretó el fallecimiento. La hija y el esposo le pidieron al profesional que siguiera intentando, pues estaban seguros que Madre Catalina también estaba actuando con ellos. El médico hizo un nuevo esfuerzo, más allá de los protocolos, y comprobó que aunque se había decretado la muerte biológica, la señora comenzó a tener actividad cardíaca. La evolución fue inmediata y sin secuelas. Hoy, más de 20 años después, Sofía goza de buena salud y es el ejemplo vivo de la gracia de Catalina.

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