Cementerio San Genaro: los muertos nos susurran historias

Relatos para el asombro, en el único camposanto de la zona.

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Por Mónica Manrique

Un cuerpo sin cabeza; suicidas cuyos nombres se dicen en voz baja, niños asesinados por su padre y otros que nadie recuerda junto una tumba que llama a la imaginación: “Aunque no te conocimos, seguro te hubiéramos amado”. Hasta Bernardo D´Elía, cuyo nombre lleva un colegio de Carlos Paz, reposa en este pequeño lugar.

Ingresar al cementerio San Genaro de San Antonio de Arredondo , donde viven en el silencio ventoso de los pinos los antiguos habitantes del sur de Punilla, es un viaje al pasado para la memoria de pocos y el conocimiento de nuestra historia para todos.

Con la guia de Adela Amalfi, se puede ir desentrañando los retazos del pasado que sólo conocen los lugareños y la hicieron propia a través de los relatos familiares.

Panteones con pinturas Art Deco sorprenden con solo asomarnos a través de las rejas sin vidrio y descubrir que, pese al tiempo y descuido, siguen intactos. Hay dos de ellos, uno de Ramón J. Carranza, con frescos en el techo y paredes que sorprenden por su belleza y otro, abandonado, que sirve de depósito municipal, con unas pinturas únicas, perdidas tras las carretillas, cal y pintura.

Desde 1870 y hasta hoy, es el único camposanto dónde se entierran a quienes se fueron al paseo de las almas. Esta pequeña “comunidad” es parte de la identidad del lugar, dónde se comprueba que, desde hace más de cien años se muere y sepulta de acuerdo a la categoría social.

Los apellidos se repiten; Carranza, Valdivia, Rodriguez Teruel, Piñero, Pereyra, Aspitia, pioneros en la zona. Las sepulturas en el panteón familiar de Genaro Carranza datan de 1913, aunque los primeros en ser sepultados fueron Ignacia Loza, Fallecida en 1908 y Cruz Palacios en  1909, desaparecidos al ser demolidas sus tumbas como parte del viejo cementerio.

En el panteón de los Rodriguez Teruel, al centro, una placa describe “Pedro Rodriguez Teruel falleció el 4 de mayo de 1940 a la edad de 16 años. Tus desconsolados padres y hermanos te dedican este recuerdo”. Dicen los comentarios transmitidos de generación en generación, que a Pedrito lo mataron de un escopetazo, en circunstancias que no fueron aclaradas.

Familia Rodríguez Teruel

El cementerio de san Antonio, un pequeño lugar de sepultura para los trabajadores de la familia Arredondo, se remonta a 1870 cuando era un camposanto tan pequeño y abandonado que no servía para cubrir las necesidades de toda la zona.

Por esos días José Columba esposo de Adelaida Arredondo, nieta de Don Antonio Arredondo había heredado la parte oeste de la estancia que luego fue vendida a Genaro Carranza, quién donó un terreno de casi 2000 metros cuadrados para que se instalará allí un nuevo cementerio.

En 1912 su hijo Florentino Carranza, construyó un panteón, de puertas abiertas  dónde están los restos de su padres en el subsuelo  y se puede leer  en las tres escalinatas de mármol, el homenaje a sus padres: Genaro Carranza y Sofía de Carranza.

Panteón de Genaro y Sofía Carranza

La abuela de Adela, Clementina Frede de Carranza, hace más de 45 años, sufrió un hecho vandálico. Rompieron el féretro y desprendieron la cabeza del cuerpo, se supone que fue realizado por algunos depredadores que buscaban restos óseos para el estudio de la medicina.

Clementina Frede de Carranza

Uno de los panteones de vecinos muy reconocidos pertenece a Andrea Valdivia quien construyó un panteón para sepultar a su esposa Vicenta Ahumada de Valdivia y allí fue enterrado un prestigioso ganadero de la zona que hoy. en Carlos Paz. Un colegio que lleva su nombre, Bernardo D´Elía.

El cementerio fue quedando chico para las necesidades de la zona y Doña Ramona Higinia Carranza de Amalfi en 1974 dono otros 2000 metros cuadrados y pidió que sea llamado San Genaro nombre que tiene actualmente.

Adela Amalfi frente al panteón familiar

En la parte nueva, ya no hay panteones. La muerte horizontalizó a los difuntos y allí las tumbas yacen en la tierra, como un mundo separado por una puerta invisible.

Parte nueva donada por Amalfi

Mientras leo los nombres de algunas sepulturas cuidadas, otras que ya fueron abandonadas , me conmueve las de los hermanitos Thiago y Axel Liendo, asesinados por su padre hace pocos años en Icho Cruz, en un caso que conmocionó a Córdoba.

Thiago y Axel Liendo

Y una cruz solitaria, desgastada por el tiempo que sólo indica en un cartel “ Aunque no te conocimos, seguro te hubiéramos amado -Flor-Valentina”. El misterio sigue en esa pequeña parcela de tierra olvidada de todos.

Tumba desconocida

La vida y la muerte entrelazadas como parte única de nuestra existencia. La memoria está resguardada, por un tiempo, en estos 5000 metros cuadrados del cementerio de San Antonio, con una puerta de hierro forjado y una cadena con candado, y aventurarse a conocer el espacio de los muertos, que aún tienen mucho para susurrarnos.

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