Chumbi Carranza: “De millonario a seco”

Uno de los herederos de las tierras de los fundadores de San Antonio, hizo de su vida una novela y vive su vida para contarla.

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1931
Foto: Punilla al sur

Por Mónica Manrique

Con  71 años, Ramón Héctor Carranza,  en 20 años se gastó la fortuna que heredara de su madre multimillonaria y padre rico, y sin un mango, trabajo  como mozo y hoy alquila caballos a los turistas en San Antonio de Arredondo.

Chumbi Carranza es genuino, honesto, relata su historia que amerita más de un libro. Por su relato circulan los nombres de los políticos más  poderosos durante décadas, jueces, artistas, vecinos que lo bancaron siempre y un mundo que nos sumerge en una novela, de la que, en esta crónica prescindiremos de  varias horas de grabación.

El Chumbi y su nacimiento marcado por el dolor

Conocemos la casa paterna de Chumbi, que hoy pertenece a su hermano Jorge. Allí funcionó la comuna local en una época, y transcurrió su vida, siempre impetuosa y rompiendo los parámetros de un siglo que pasó.

En una parte de la entrevista detalla “Soy Hijo de Ramón florentino Carranza y Barbarita  Silvia Montero Fiol. Mis abuelos eran los dueños originarios de estas tierras y mis tíos. Junto con los Arredondo fueron los primeros dueños. Mi abuelo le compro la casa de  Antonio Arredondo, todavía están los cimientos al lado del cementerio”.

Ramón Florentino Carranza. 1954. Foto: gentileza Jorge Carranza

Como ocurrió siempre, desde siglos pasados detalla “Esta tierra fueron  fiscales en aquella época y se  han ido comprando o adjudicándoselas como era en la época de los terratenientes dónde decían ¡Esto es mío!”.

San Antonio 1949. Foto Gentileza Jorge Carranza

Por aquellas épocas, relata “Mi abuelo  Ramón José fue Juez de Paz y era dueño de las tierras de este lado del río. Del otro, los Garayzábal. Hasta Carlos Paz, el fondo de Mayu Sumaj, Tala Huasi y hasta las sierras un total de  4.800 hectáreas. Las jarillas era de mi tío Genaro Carranza que donó el cementerio”.

En su árbol genealógico detalla”Somos tres hermanos: Jorge Carranza  es mi medio hermano. Fui el primer hijo del matrimonio y al año nació mi hermana Barbarita- quién tenía una discapacidad producto del mal parto  por el que muere mi madre. Mi padre queda viudo con dos hijos, yo, con un año y meses y mi hermana.  A los cuatro años mi padre se vuelve a casar con mi madrasta, María del Carmen Sánchez de Carranza  y ahí nace Jorge, mi medio hermano”.

Casi con un mapa en la mano dibuja la territorialidad “Toda la zona de Villa Independencia era de mi abuela Palacios, Sol y Río y después las niñas Nores donaron parte de las tierras a los Franciscanos y también otras familias hicieron donaciones a los religiosos, que fueron poseedores de cientos de hectáreas”.

En la historia conocida por pocos en este municipio refiere “Mi padre donó la escuela donde está la escuela primaria. Antes estaba en “La Taperita” hoy museo de Resina y ahí hice le primer grado. Eran dos aulas: la maestra Jorgelina  con 1, 2 y 3 grado juntos y en un solo pizarrón se anotaban en una punta las tareas para primer grado, al medio para segundo y el resto para tercero. Había 30, 40 alumnos venían de San Bernardo, Icho Cruz, de todos lados. La única escuela de la zona”.

“En la otra aula- rememora- se cruzaba un biombo de tela y estaba 4, 5 y 6 grado. Jorgelina era la maestra para todos los grados. Y el maestro era Nievas a quién  mi viejo le prestaba La Taperita”.

Era la oveja negra de la familia

“Cuando mi padre y mi madrasta- mamá- se casan yo era más tranquilo, pero me fui criando y mi mamá me quería mucho y tuvieron mucha plata porque vendieron la parte de Sol y Río para pagar la sucesión de los campos, casas y quedó un dinero que mi mamá puso en Corcemar”.

En el hilo de su historia, que va y viene con decenas de anécdotas detalla “Cuando yo tenía nueve  años muere mi padre y me llevan a Salta con mi hermana que vivía con la familia de mi madre muerta y eran multimillonarios, Los Montero. Ahí viví por tres años,  una vida de fantasía. Era malcriado, iba a un colegio privado. Antes fui al Santo Tomás en Córdoba  y después de Salta volví a ese colegio”.

“Como me gustaba el campo- remarca-  me vine nomás a San Antonio y ahí empezó la joda. Mi mamá tenía plata. El Chumbito quería comprarse dos caballos y ella me decía “vaya m´hijo, cómprelos”.

Cuando su madrasta madre cobró  la herencia fue una millonada de entonces. Chumbi, con sonrisa pícara y un pucho entre los dedos recuerda “Salí del servicio militar y me encuentro con todas las escrituras ¡Ay padre! Jineteaba, bailaba folclore, bien parecido, dedicado, y empieza la gran joda”.

“Con 20 años hago construir el Rancho Martín Fierro para la joda. Fue en  el ‘73. En esa época no había planos ni se perdía permiso. En ese momento doné las tierras a la municipalidad desde el Rancho al arroyo”, lo que hoy es el balneario público.

Con Jorge Cafrune viajó durante siete años en su embajada artística

Bailarín de folclore, jinete y amante de la aventura parte a  una jineteada en Rio Segundo, donde saca  el primer premio y “¿Quién estaba ahí? Jorge Cafrune, quien le dice: “¿Gauchito, quiere integrar mi embajada?” y le dije que sí. Y con la Silvia Zerbini, que vivió unos años en el Rancho, nos sumamos”

“De Rio Segundo empezamos una gira de dos meses por todas las provincias, sin avisar en casa. Mandaba telegramas. Ando por tal lado…no puedo contar tantas historias que vivimos. Yo estaba con Él cuando lo mataron. Estábamos en Yapeyú cuando la Triple A lo mandó a  matar. El 2 de febrero de 1978. Lo atropellan el 1° en la ruta y muere el 2 en Moreno, provincia de Buenos Aires, lo cargaron en Ford Falcón y lo terminaron de matar”.

Este relato lo conmueve profundamente. Se levanta, fuma, y pierde esa mirada transparente “La gira que estábamos haciendo era un homenaje a San Martín. Estábamos en una hostería y nos avisan a la madrugada que lo habían matado. Y ahí desapreció todo. A la semana se desarmó la embajada que formábamos. Yo a la semana rajo para Buenos Aires y me agarró una depresión de tres meses. Y ahí me quedé sin un mango. Trabajé en la autopista de Buenos Aires, por un amigo, durante un tiempo, hasta que empecé a salir de ese pozo”.

¡El Chumbito ha  sentado cabeza!

Cuando vuelve a San Antonio, había terminado la sucesión, los 17 terrenos de la costa  eran suyos y 6 hectáreas más.

“Me compré un Ford Falcón nuevo y lo vendí y le digo a mi vieja ¡Me voy a comprar una F 100 y Usted me da 40 vacas para trabajar en el campo! Mi pobre madre le contaba a todos ¡ El Chumbito ha sentado cabeza! y se va a comprar una camioneta para traer la comida para los animales”

El Chumbi se ríe de su historia y de los padecimientos de su madre “¡Encargo la F100  y paso por Feigín, la mayor concesionaria de Córdoba y la veo que decía ¡vendida!, solo para mí. El lunes la voy a buscar: salía 7.800.000 pesos  y la plata la tenía en un portafolio negro. Yo estaba vestido  con bombachas y alpargatas de carpincho y me voy a buscarla”.

El relato atrapa y Carranza, como si fuera la vida de otro detalla “Mientras hacían los papeles para llevar el auto veo un Ford Fairlan verde recién llegado. ¿Cuánto vale éste?  No había mucha diferencia con la camioneta. Un millón más…ahí decidí llevarme el Fairlan y no la camioneta. Tenía 23 años. Era un 22 de diciembre y me lo quería llevar ya. A las 13 me lo entregan.  Era increíble. Cuando lo traigo al pueblo, paso por el centro de Carlos Paz y todos decían ¡ Míralo al Chumbi en el auto que anda! Cuando llego a San Antonio lo paro en la casa del Coco Piñero ¡Miren el autazo del Chumbi! Caigo a casa, sale mi vieja y me dice ¡Yo sabía que la felicidad duraba poco!”

Y se emociona al hablar de su madrastra- madre que le bancó todo “Te has comprado este auto para la joda y no vas a trabajar con la camioneta”. Entonces, relata a Punilla al sur “Rajo para Córdoba y le hago poner un magazine al auto  y me compro un magazine de Los Cantores del Aba, valses y serenatas. Le hice poner tres parlantes, era un night club el auto. Vuelvo a san Antonio y la gente decía ¡Sabes que el auto del Chumbi tiene música! Y empezó la gran joda con ese auto”.

De millonario a mozo, en restaurantes de Carlos Paz

En esos 20 años, dónde vivió una vida ensueño e historias impublicables regresó a San Antonio sin un mango. Seco.

Se casó por primera vez con una descendiente de gitanos a los 22 años y por segunda vez con Isabel,la madre de sus cinco hijas mujeres, hace ya 34 años, cuando el dinero se había consumido hasta el último hálito de vida intensa y comenzó una nueva, desde los bolsillos vacíos. Se gastó todo desde los 20 hasta hasta los 39 en que comenzó una nueva vida.

Con su rostro sereno, enraizado en la vida que lo acompaña y la goza, con lo poco que tiene materialmente, una moto, un auto viejo y algunos caballos define “Conozco a mi mujer en Buenos Aires, en un festival de jineteada y a los  tres meses nos casamos, ella es descendiente de ucranianos y yo le llevaba 20 años. ¡Era tan hermosa! y sus ojos azules los mejores del mundo”.

Por entonces, después de la disolución de la embajada de Cafrune comenta que “Tenía una piecita en Barracas, vendí un televisor, un par de cosas más y junté 5 mil pesos. Nos tomamos un ómnibus y nos vinimos a la casa de mi hermano en San Antonio. Seco, seco…”

“Nadie me creía que no tenía un peso. Me quedé en la casa de Jorge y le dije que no tenía un mango, nadie me creía y no quería venir al pueblo porque la gente se iba a reir”.Entonces  le comento a Coco Piñero, mi amigo, y me da las llaves de un departamento para que me quede. Después, mi tía María me presta una casa hermosa y mi mujer ya estaba embarazada y me daba vergüenza pedir plata”.

“Entré a trabajar como mozo en un restaurante en Carlos Paz. Todos creían que era socio, pero era solo un mozo. Y ahí empecé a trabar en serio y ganar unos buenos pesos.Entonces me prestaron una casa hermosa, hasta que aparecieron los dueños y me tuve que ir”.

Hoy, soy feliz, porque nunca me importó la plata

Como pudo se compró dos lotes en Playas de oro y ahí se quedó desde hace 30 años.

“Tengo una vida muy intensa, sin problemas, sin drogas ni chupe, ambientes bohemios… hoy estoy bien. Siempre estuve bien. Soy antiplata. Antimaterialista. Siempre me gustó el rancherío. Estar con la gente. De bailar en el Crillon al baile obrero. Mi vida fue y es feliz. Las amistades del poder y del pueblo”.

Mientras El Chumbi da de comer a los caballos que alquila en San Antonio, con un dorado de otoño casi veraniego, mira al río y le esquiva a la cámara. Sostiene que vive en San Antonio por “la gente, es mi casa. Soy el Chumbi y vivo feliz y con alegría”.

Foto: Punilla al sur

 

 

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