Escándalo en Brasil: Lawfare desenmascarado, ¿Lula libre?

    Las revelaciones que desnudan la parcialidad de la Operación Lava Jato contra el expresidente, comprometen cada vez más al juez Moro y sumaron reclamos por el líder pernambucano.

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    Por Marcelo Taborda

    La noticia impactó de lleno en el corazón de la Operación Lava Jato, que durante años comandó en Curitiba el entonces juez Sérgio Moro, convertido por muchos en una suerte de arquetipo a imitar por magistrados de esta parte del planeta para luchar contra la corrupción de los poderosos.

    Es cierto que la imagen impoluta que algunos pintaron de Moro, quien llegó a posicionarse como un “presidenciable” dentro de su país, y como un “justiciero” implacable e insobornable más allá de las fronteras de Brasil, se tiñó bastante el día en que aceptó convertirse en superministro de Justicia y Seguridad del ultraderechista Jair “Messias” Bolsonaro.

    Tomar posesión de un ministerio clave en el gabinete del hombre que ganó el ballottage de octubre pasado gracias en buena parte a la proscripción y la cárcel impuestas a quien durante meses fue el favorito de las encuestas, no hizo más que acentuar las denuncias de aquellos que consideraban que Luiz Inácio Lula da Silva había sido sacado de la carrera electoral a través del Lawfare.

    Y en esa “Guerra Jurídica” o Lawfare, Moro había sido pieza clave no sólo en el tramo final de la campaña, cuando divulgó “delaciones premiadas” de arrepentidos sólo para minar la adhesión hacia Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores que reemplazó a Lula como “plan B”.

    Lo que tenía tufillo a operación política, apoyada de modo cómplice por corporaciones mediáticas (otra pata del lawfare) que reproducían con estridencia y sin cuestionamientos las actuaciones del juez estrella, desembocó este fin de semana en una cloaca destapada por filtraciones que amenazan con esparcir estiércol hasta la explanada que del mismísimo Palacio del Planalto.

    Otra historia para el Pulitzer

    El periodista, escritor y abogado constitucionalista estadounidense Glenn Greenwald, quien hace años reside con su pareja en Brasil, fue el encargado de tirar de la punta de una trama que nadie sabe aún dónde habrá de terminar.

    Distinguido entre otros premios con un Pulitzer, Greenwald ganó notoriedad cuando hace seis años fue uno de quienes entrevistaron a Edward Snowden, el exagente de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos, que desnudó el espionaje que esa entidad y la CIA (Agencia de Inteligencia), realizaban no sólo a ciudadanos comunes norteamericanos, sino también a habitantes y jefes de Estado o dignatarios de todo el mundo, a través de la telefonía celular e Internet.

    Sin comparar con la trascendencia y repercusiones que en su momento tuvieron los datos secretos divulgados por el ahora exagente refugiado en Rusia, lo revelado desde el domingo 9 de junio por The Intercept (la publicación creada por Greenwald junto a dos colegas y financiada por uno de los magnates del Sillicon Valley) puede causar una onda expansiva a escala continental.

    Y es que lo que Greenwald recibió de quien definió como una “fuente anónima” pareció confirmar en estos días la parcialidad con que el juez Moro ejerció la persecución, la acusación y la condena de Lula entre fines de 2015 y octubre del año pasado. Grabaciones, mensajes emitidos a través de Telegram, y conversaciones con diversos interlocutores, apuntan a una connivencia entre Moro y Deltan Dallagnoll, jefe del equipo de 13 fiscales del Lava Jato en Curitiba, para armar la acusación contra el expresidente; aun sin las pruebas suficientes y necesarias para incriminarlo.

    Entre el material filtrado por el periodista estadounidense, que promete ser frondoso en archivos y pruebas, emerge además la correlación estrecha entre algunas medidas procesales de Moro para impedir acciones políticas de Lula. Esas acciones también perjudicaron a su sucesora en el Planalto, Dilma Rousseff, destituida en un proceso que tuvo mucho más de golpe institucional que de impeachment fundado en Derecho.

    Las revelaciones difundidas en The Intercept llegan además en momentos en que a Lula le fue reducida la pena, tras la condena inicial impuesta por Moro y luego aumentada por una corte de Porto Alegre, integrada por jueces muy cercanos al de Curitiba. Preso desde abril del año pasado en la capital del estado de Paraná (uno de los más refractarios en Brasil hacia el PT y las fuerzas de izquierda) Lula podía ser beneficiado en cualquier momento por el pase a un régimen semi-abierto. Pero el histórico y carismático líder sindical pernambucano ha dicho que no aceptaría una prisión domiciliaria porque lo que desea es demostrar su inocencia y la parcialidad con que fue condenado.

    Y mientras desde el entorno de Moro alegan que los mensajes y grabaciones divulgados fueron filtrados por hackers, crecen los pedidos para que el magistrado dimita y hasta un integrante del Supremo Tribunal Federal (STF, máxima corte de Brasil) ha manifestado que todo lo revelado torna nula la condena contra Lula y debería propiciar su libertad, amén de incriminar al juez de Curitiba y a Dallagnol. En el PT y otras fuerzas de izquierda hay quienes incluso reclaman anular los comicios del mes de octubre pasado.

    Sin embargo, las manchas de las cloacas del Lava Jato pueden salpicar a la misma Corte y hasta a la embajada estadounidense, según se desprende de una conversación de Moro en la que espera señales favorables o de “coordinación de los americanos”. Greenwald promete más luz sobre el ya devaluado “justiciero”, a quien, pese a todo, Bolsonaro volvió a ensalzar este jueves por su “legado”.

    Tramas que cruzan fronteras

    Todo esto pasa mientras el mandatario ultraconservador presiona al Congreso por una reforma previsional contra la cual la oposición ha convocado a una huelga general para el viernes 14. Y mientras el mismo Congreso ha rechazo por ahora el paquete de medidas anti-crimen de Moro y la liberalización de las armas que Bolsonaro lanzó por decreto.
    Hacia Brasil también miran quienes ponderaron el Lava Jato como ejemplo a imitar y quienes como desde Rafael Correa hasta el papa Francisco mostraron siempre su recelo y sus advertencias sobre el Lawfare.

    El direccionamiento o la aceleración de unas causas en desmedro de otras, o la selectividad a la hora de “hacer justicia” han sido algunos de los reclamos de quienes recelan de la credibilidad de los “delatores premiados” de Brasil (como Marcelo Odebrecht, hoy en prisión domiciliaria) o de los “arrepentidos”, espontáneos o libretados de Argentina.

    Si termina de confirmarse que Lula fue sacado de carrera de manera aviesa, otros líderes políticos del continente, que ya rigieron pero pueden volver a conducir los destinos de sus países tendrán argumentos irrefutables para alegar que el Lawfare se ha concebido como un nuevo modo de intervención, sin armas visibles,desde los más altos centros de poder global.

    En cualquier caso, Lula sabe que el suyo es un caso testigo y trasunta serenidad mientras sus seguidores en todas partes exigen su libertad sin más demora.

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