Graciela Lanzetti de Brombín: una historia de amor y gastronomía

La farmacéutica y el ingeniero agrónomo, cambiaron su destino por San Antonio de Arredondo

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Por Mónica Manrique

La historia de amor entre la farmacéutica y el ingeniero agrónomo no comenzó entre los sabores de la cocina artesanal. Fue en la Universidad Católica de Córdoba, cuando en los pasillos que unían las dos facultades, José Brombín le “clavó el ojo” y le declaró su amor en una carta anónima.

Graciela Lanzetti, hija de madre viuda adinerada y con una hermana, vivían en San Francisco y al terminar la secundaria decide ir a estudiar farmacia a Córdoba. Eran tiempos en que  las adolescentes seguían los mandatos maternos. Su padre murió cuando ella tenía nueve años, así que madre debía cuidarla.

Con esa voz que nos alegra cuando atiende el teléfono del  Fatto  y nos pide quince minutitos, que suena a transparente y  amigable, relata con la misma sonoridad y sonriendo, “mi mamá no me dejaba ir sola a estudiar y como tenía mucha plata  vendió una jaula de animales y se compró un departamento  en la avenida  Chacabuco y nos fuimos las tres: mi mamá,  mi hermana y yo porque mi papá murió cuando yo tenía 9 años”.

Su hermana terminó la secundaria en Córdoba y ella comenzó la facultad a los 18 años. Sorprendida, con su grupo de compañeros y la gran ciudad para vivir, un día recibe una carta en el banco de la facu “ Cuando la leo tenía una letra muy parecida a un compañero mío – comenta- y entonces les dije: ¡me están cargando!… miren la carta que me escribieron, las cosas que dice. Me enamoré de vos. No sé cómo te llamás. Te quiero conocer. ¡Era tan hermosa esa carta y la perdí” se lamenta Graciela tomándose la cabeza con las manos.

“Mis compañeros me dijeron que no eran ellos y me quedé con la duda. Al tiempo, estaba en la universidad  esperando el colectivo  y se me acerca uno  que  me dice ¡Graciela! y me doy vuelta. Yo te escribí la carta. Y era el José. Yo estaba con mis compañeras y me preguntó  si me podía llevar  que andaba en auto. ¡Noooo, cómo me vas a llevar si no te conozco!”  Le pidió el teléfono que era fijo entonces y se lo gritó desde la ventana del colectivo.

El comienzo de dos vidas transformadas en una

Estuvieron un tiempo de novios, con la aceptación de las familias y llegó el  gran momento “Yo me case en diciembre y me faltaba un año de cursar, pensaba no tener hijos hasta terminar  y después empecé a pensar  que eso estaba mal y  me embaracé.  Tuve a mi hija, me atrasé un año y decidí terminar la carrera. Busqué  el diploma con el Franco en la panza. Los dos nos recibimos”.

“Mi mamá nos puso una farmacia en Córdoba, para las dos hermanas aunque yo me quemé las pestañas estudiando, muy cerca de la mujer Urbana. Nos fue re bien pero empezó la época  de la crisis y la hiperinflación. José viajaba mucho a los campos y yo me quedaba sola con los dos chicos. Un día  me quisieron robar y decidí no tener más la farmacia”.

Guardaron los títulos y la vida comenzó en San Antonio de Arredondo

Graciela casi no habla en singular. Mantiene el plural en cada frase. “Pusimos una carnicería porque a José siempre le gustó. Su papá tenía un frigorífico chiquito y hacían embutidos y el gordo tenía un manejo de la carne… era impresionante lo que sabía y cuando pusimos el local no me gustó nada. Y venía gente de todos lados a comprarnos. Nos fue re bien pero  trabajábamos  como animales. Yo hacía de todo, hasta limpiar tripas y mi mamá se embolaba porque como era finoli, con mucha plata no le gustaba verme así y más siendo farmacéutica”.

“Yo ya me había venido a vivir a San Antonio  y él se quedaba toda la semana allá y yo los viernes me iba para Córdoba, cuando los chicos salían del colegio”.Cuando instalaron el Hiper Libertad en calle Cardeñosa, vieron que debían cambiar el rumbo porque la competencia sería feroz. Y se instalaron en San Antonio, toda la familia.

La casa era pequeñita. La compró la madre de Graciela en 1971 y estaban viviendo su abuela, la hermana de ella y el marido. Al enfermarse uno de ellos su mamá decide vivir en San Antonio para cuidarlos y como se quedó sola y con miedo “nos vinimos con José para acompañarla”.

“Empezamos a agrandarla, siempre en el mismo lugar. Antes hicimos el negocio. Así empezamos. Con la plata del negocio de Córdoba hicimos esto. Mi mamá siempre vivió conmigo y las dos viejas”.

Nadie creía en nosotros. ¿Una rotisería en San Antonio?

La pequeña población del sur de Punilla no era desconocida para Graciela Lanzetti. “Yo venía a San Antonio desde que tenía 12 años los veranos los pasábamos acá. Era muy amiga de Patricia e íbamos a las fiestas del Rancho que hacían bailes bárbaros. Era un boliche. Todos los sábados íbamos” relata como historia presente y vívida.

“En este lugar empezamos como rotisería el 27 de enero de 1995, y la plata no nos alcanzó para las fotocopias  que queríamos repartir. Después pusimos tres mesitas nomás, por la falta de lugar y José alquiló el Rancho con un socio  y el lugar quedó hermoso. Pero duró poco tiempo y volvimos acá. Agrandamos para adelante, corrimos la cocina  y pusimos el comedor con lugar para 80 personas”.

Graciela y José Brombín. Inauguración del Fatto in casa

“El nombre lo inventé yo- asegura Graciela-  José le quería poner Manggiare y yo Fatto in casa, porque entonces estaba estudiando italiano porque los chicos iban a  la Dante.Hecho en Casa y quedó Fatto”.

Fotocpias que repartían el día de la inauguración

“Entonces, había colas de personas esperando poder comer en  Fatto en casa. Llegamos a tener quince empleados por turno y más de 80 mesas. Siempre dimos trabajo a la gente de la zona.  José nunca delegaba y como  estaba muy cansado, decidió volver otra vez a la rotisería. Cerró el comedor acá y salió el restaurante en Las Jarillas, La Atilia que atendió Franco y Jime mi otra hija y los cuatro trabajaron ahí, con la Charito. Y cerramos el comedor  y se fue todo para abajo. La gente quería comer acá”.

En estos vaivenes, ya con la salud deteriorada de  José Brombín, se fueron al Dorado con un restaurante, que a Graciela nunca le gustó. “Nos queríamos volver acá y cuando José se descompuso, más me quise volver. Él se murió en julio de 2016 y aguanté toda la temporada para pagar todo lo que había que pagar y en mayo me fui. Arreglé el departamentito de adelante  y me vine, al mismo lugar de siempre”.

La vida nos trajo a San Antonio

Graciela está enojada por la muerte de su marido. Lo extraña en cada palabra que pronuncia, en cada eslabón de la cadena amorosa y de esfuerzo que construyeron juntos.  Porque no tan sólo la gastronomía fue parte de sus vidas, sino la política.

José Brombín murió siendo presidente del Bloque Radical en el Concejo Deliberante de San Antonio. Fue el primer puesto político que tuvo en largos años de militancia en el radicalismo. Su compañera de vida cometa que “Siempre estuvo en las sombras,  amparando y levantando a los otros. La única vez que tuvo un cargo fue el de Concejal desde diciembre de 2015 hasta julio de 2016 cuando se muere. La cantidad de cosas que quería hacer en el Concejo  y no pudo… los proyectos presentados…”.

Graciela pone cara de asombro cuando se le pregunta si  piensa en abandonar San Antonio “Ni loca me voy de acá. Estuvimos 38 años con José,con mis hijos Jimena de 34- ahora no vive acá-  Franco 33 y Agustín con 22, es  mi mayor respaldo y quién me ayuda en todo”.

“Cómo irme de San Antonio. Con tantas noches que pasamos cocinando con José, con las expectativas de un pueblo en que crecer no sea tan caro, con nietos, el Fatto y los amigos que siguen confiando en nosotros. Me quedo, aunque sea muy difícil estar sola”.

 

 

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