Jorge Barón Biza, el suicida.

Hace 16 años, se suicidaba Jorge Barón Biza

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Por Mónica Manrique

9 de septiembre. Domingo muy frío. Regresé a mi casa cordobesa después de pasar el fin de semana cuidando a mis padres. Cuando llegué, mis hijos me miraron y rompieron en llanto. Había una larga lista de mensajes telefónicos. Un escalofrío insoportable se instaló en mi estómago.

Se suicidó Jorge, me anticiparon. Se tiró por la ventana del departamento en Nueva Córdoba, muy temprano, justo a la hora que él sabía que se mataría. El viernes anterior había estado en su casa-camarote, como le llamaba. Piso 12, una computadora, pocos libros, pese a ser el mayor lector que conocí.

Le temblaban las manos, la depresión hacía estragos, estaba olvidado por casi todos y su cuerpo, minado por el alcohol y una larga historia clínica, se rendía ante un bastón y una mandíbula que era un tembladeral.

Fuimos a la librería de Rubén, en el centro cordobés, después de caminar bajo una llovizna pertinaz a develar las últimas novedades y cumplimos el ritual de ir al Quijote a tomar el té. Ofrecí llevarlo al pueblo en el que vivían mis padres, pero no aceptó. Me prometió que almorzaríamos el lunes y antes de partir me regaló el primer reloj extrachato, Ulysse Nardín que trajeron al país por encargó de su padre, Raúl Barón Biza.

Sólo me habló del tiempo y el frío que sentía, nos abrazamos y se fue caminado con su bastón y el paraguas quedó olvidado en la librería. Hoy, el mango, está a resguardo en lo de Rubén.
Ya pasaron dieciséis años desde su suicidio y me había prometido no escribir sobre él, sólo una vez en una pequeña columna de opinión, por respeto y secreto hacia mi amigo. Me dediqué a leer lo que otros, conocidos y desconocidos escribieron. La muerte le trajo el reconocimiento y miles de palabras sobre su obra y vida y veces sonrío ante algunas notas periodísticas o libros publicados.

Conocí a Jorge haciendo un informe de investigación para “Ronny a la medianoche” el programa de televisión que conducía Ronny Vargas y Rebeca Bortoletto, sobre el monumento al amor en Alta Gracia “El Ala”. Raúl Barón Bizza, Myriam Stefford, Clotilde Sabattini, demasiados nombres, muchas muertes y silencios. Poder, dinero, política, suicidios, pasión, amores y desamores. Una historia perfecta para un informe.

No me detendré en los detalles de la historia familiar que involucran al ex gobernador Amadeo Sabattini, al ex presidente Arturo Frondizi, a la ex actriz, luego devenida en aviadora, Myriam Stefford , tampoco a la rancia estirpe porteña o a la mojigatería cordobesa que quisieron tapar el sol con las manos.

Me centraré en mi amigo, Jorge Barón Biza, sobreviviente al horror del suicidio de su padre, cuando tenía 22 años -1964- luego que quemara a su madre con ácido muriático y le destruyera la cara, estando él presente en la habitación que compartía en el departamento paterno. Tampoco escribiré sobre el suicidio de Clotilde Sabattini, su madre en 1978 cuando se arrojó por la ventana del mismo departamento de la calle Esmeralda, en dónde fue mutilada por el ácido; ni el suicidio de Cristinita, la hermana menor, madre de dos hijos en 1988. No hablaré de su suicidio, ese domingo.

Jorge Barón Sabattini, como solía firmar algunos de sus últimos escritos, era un rompecabezas que se armó entre colegios suizos, cordobeses, porteños y uruguayos. Portador de una cultura exquisita y formación académica, sin títulos, lograba que las horas se convirtieran en minutos al escucharlo.

La soledad lo rondó siempre; sus amores fueron esquivos y temerosos para evitar que la zaga de los suicidios se propague. Fue periodista, corrector, escriba impenitente con un lenguaje acorde a las necesidades económicas, pero siempre buscando la perfección de las palabras. Desde revistas sociales a magníficas críticas de arte, pasando por textos periodísticos sin relevancia. Ya había traducido el Indiferente, de Marcel Proust, tarea que le llevó largos meses para pocas páginas.

Su libro, El Desierto y su semilla, comenzó a escribirlo en el sanatorio Bergman de Córdoba, luego de su penúltimo intento de suicidio. Leíamos los primeros borradores y así, por un tiempo, pudo exorcizar algunos de sus demonios. Desde entonces, vivió en Córdoba. Cambió su camarote de Barrio Norte por varios lugares controlados por sus tías Sabattini, hasta que logró romper esas ataduras.
Sólo se sentía contenido y confortado por  Maria Luisa de Sabattini, esposa de Tucho, hijo del ex gobernador de Córdoba, Amadeo Sabattini y su primo Marcelo Scelso, por quienes sentía un amor profundo, al igual que entrañable afecto por la psiquiatra Silvia Bergman.

Pasó por la Universidad Nacional de Córdoba, llevado por María Paulinelli a la cátedra de “Movimientos Estéticos de la Argentina” y le impidieron seguir dando clases por no tener un título universitario validado; escribió en la Voz del Interior y sus notas eran requeridas cada vez menos. Un círculo de vacío comenzó a rodearlo, salvo unos pocos y valiosos afectos que lo defendieron y cuidaron hasta último momento.

Guardo bajo siete llaves sus borradores, escritos sin publicar, fotos familiares, libros dedicados, cartas que llegaban a Córdoba desde Buenos Aires por correo, pero por sobre todo resguardo sus palabras “no desperdicies tu alegría pequeña pueblerina, que la mía ya se fue por una ventana”.

Hoy, 9 de septiembre, siempre es un día de duelo. Se arrojaba al vacío Jorge Barón Biza, mi amigo. Ayer Marcelo Scelso me dijo: “Si querés saludarlo, tendete en el pasto de San Antonio una de estas noches y mirá el cielo. En el firmamento, a la izquierda, no, a la derecha, estará con su manera de sonreír, siempre triste y profunda”.

4 Comentarios

  1. Querida Amiga!!! que cronica cuidada y con tanto afecto para recordar un amigo… delicada y sutil, deja entrever su enorme carinio… si estuviera mas cerca le ofreceria un abrazo y un tachito con miel. Hasta pronto

  2. Excelente nota !!! Recuerdo esa nota con Rony y Rebeca … desde siempre me intrigo la historia de Raúl Barón Bizza y Myriam Stefford
    Un fuerte abrazo Mónica.

  3. Querida Mónica. Gracias por recordar a Jorge con tanto cariño. Tus palabras son frescas, con la fragancia de las horas compartidas. Me hicieron mucho bien. Fue un domingo, como hoy, llamó un amigo por teléfono. Me quedé solo. ¡Un fuerte abrazo!

  4. MONICA….NUNCA DUDE DE TU TALENTO Y AMOR POR LAS CRONICAS DEL TIPO PERIODISTICO, PERO ME SORPRENDIO GRATAMENTE TU TERNURA NATURAL AL REFERIRTE A ESE AMIGO, Y RELATAR CON TACTO Y VERACIDAD SU VIDA Y HASTA SU MUERTE. COMPARTIMOS EL AMOR POR EL PERIODISMO Y LA MISMA CASA DE ESTUDIOS, PERO VOS NAVEGASTE A FAVOR DE TUS SUEÑOS, Y YO EN CAMBIO ME LANCE AL GARETE, SIN TIMON Y SIN DESTINO….Y AQUI ESTOY DISFRUTANDO TU FORMA DE ESCRIBIR, Y FELICITANDOTE POR NO HABER NAUFRAGADO, SINO POR LLEVAR A DESTINO TUS QUIMERAS….AFECTUOSAMENTE, RICARDO WAGNER…

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