Monica Avaca y Mónica Sartori “Queremos andar por la calle, amándonos y ser respetadas”.

El 23 de agosto de 2014 se convirtieron en el primer matrimonio igualitario de Icho Cruz

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Por Mónica Manrique

“Las Mónicas” son artistas de larga trayectoria y están vinculadas con San Antonio e Icho Cruz desde hace décadas.

Hace seis años se realizaba en el registro civil de Icho Cruz el primer matrimonio igualitario que conmovió a todo el pueblo y acercó al festejo a viajeros de todo el país y lo que sería una ceremonia íntima se convirtió en una fiesta inigualable llena de sorpresas y afectos que abrazaron esta decisión que tomaron  con la conciencia plena del compromiso, amor y respeto por la otra.

Ambas tienen historias personales traspasadas por la vida y el dolor  y están para demostrarnos que siempre, pero siempre, el buen amor te libera de “la rodada cuesta abajo”.

Entrevista doble que emociona. Hay momentos de lágrimas y risas  que llegan hasta el bosquecito pegado a la casa en que viven en Icho Cruz Sierras, alejadas de la ciudad por la pandemia y el extremo cuidado de Mónica Avaca por su Miastenia Gravis.

Dos pianos, un paisaje de silencio y el mundo construído desde la búsqueda durante años, por ambas, del amor.

Mónica Sartori es actriz, cantante “Me parece que desde el ADN soy una artista, con todo lo que me costó serlo. En la infancia jugaba a dirigir teatro, y cantaba en una tarima. No me gustaba jugar ni a las muñecas, me gustó el movimiento correr, trepar, balancearse, como dicen en educación física que fue mi primer amor”.

“Vengo de una familia violenta, conservadora, facha, que para poder concretar mis más profundos sueños tuve que remar mucho. Cuando terminé la secundaria en un colegio de monjas – comenta- mi mamá esperaba que fuera farmacéutica para poder trabajar con ella. Cuando le dije que quería cantar porque eso me hacía feliz me dijo que carreras artísticas no pagaba. Muy quebrantada y triste apareció  un novio que tenía en ese momento y me dijo “Recibite de profe de Educación Física en el IPEF y  ahí vas a poder hacerlo que desees. Y después pude pagarme el teatro que me salvó la vida hasta nuestros días”.

Sartori es poderosa. Tiene fuerza y mira más allá de lo que una cree. No duda en exponerse y relatar con voz  sonora parte de su vida. “El canto, la música y después la actuación, me hicieron sentir plena hasta este momento y descubrí la docencia porque para ser artista hay que tener una herramienta real para pagar los sueños y parar la olla”.

Mónica Avaca,  es serena, ríe desde las tripas, parece frágil aun teniendo en cuenta su enfermedad, pero le brota su historia de militante por la defensa de los derechos de los docentes y de su propia vida resiliente.

Con naturalidad, sin excesos dramáticos relata “ Desde que tengo memoria en el cuerpo, en el alma, en la mente, siempre el arte fue la savia que me permitió tener una vida, porque en el contexto familiar de una madre y un hermano esquizofrénicos,  creo que la música me permitió construir una identidad, una vida y ser, en medio de la locura, no la que la gente ficciona, sino la locura de verdad, que tiene un montón de ribetes difíciles  y que toman todos los aspectos de lo cotidiano”.

“El arte me permitió general mi espacio- comenta- Amo la música y  tuve que pelarla para poder empezar porque mi papá con su cotradicción ideológica, porque fue un gran militante en la educación para adultos, sin embargo no sé por qué no quería que estudiara música. Fui un día a los 7 u 8 años a una vecina que  tocaba el piano y le dije que quería aprender a tocar pero que mi papá no se podía enterar. Me hizo pasar y al abrir la tapa de este mágico instrumento no dejé de tocar más. Después mis padres se enteraron cuando mi profesora los invitó a que me escuchen y no hubo vuelta atrás”.
Sonríe, toma un mate y larga al pasar “Soy una curiosa de la vida. Disfruté mucho con este mundo interno que posibilita otra realidad. Soy docente investigadora en educación musical”.

El encuentro llegó en San Luis: El ventarrón y la calma

Mónica Sartori  relata “Mi vida antes de conocer a Mónica era una cuesta abajo en la rodada. Venía buscando desesperadamente como vivir bien. A la noche cantaba en todos los bares y al día el buzo para educación física.

Cuando empiezo a hacer terapia, me planteo que quiero tener una relación duradera, no promiscua. Mi vida no tenía timón, lo digo ahora porque lo tengo.

En ese momento me presento a un concurso  en Villa Mercedes. Ya era profe de teatro de la primer camada de la escuela Roberto Arlt  y vivo en una casa con otros docentes. En el Departamento de Música había una profe muy flaquita, muy ensimismada en los suyo  y me llamó la atención porque sentía que era lo opuesto a mí y mis compañeros me decían “Ojo Sartori, no te metas con la Avaca, porque es una persona seria y vulnerable  y a mí me encantaba y ella como muy militante comprometida con los derechos de los docentes  en hall central  iba a explicar el porqué de las medidas de fuerza. Y yo estaba en primera fila para escucharla, porque nunca en la vida me importaron los derechos de los docentes, hasta ese momento”.

“Yo siempre tenía sueño porque no dormía nunca y menos en Villa Mercedes, y fui a verla hablar y la percibía triste y lo único que le pedía era escucharla tocar el piano. Sabía que le gustaba mucho el mate  y la escuchaba sentada en el suelo, tocar el piano. Y empezamos a tener un vínculo tranquilo y esperando que se sumara alguna vez a tomarse un té en algún bar. Allí comenzamos a conocernos. Empiezo a aprender modales y me gustó siempre. Mónica es un ser de luz y no tan solo que me rescató sino que me enseñó tanto…” y llora por la emoción, mientras la otra Moni  con el mate en la mano, le dice ¡Te amo mi vida! Y suelta a volar su risa que el viento desparrama por el sur de Punilla.

Monica Avaca  estuvo en España con una beca de investigación y en el 2009  se reintegra a trabajar en el Instituto de Formación Docente de Villa Mercedes, dónde conoce a  Su Mónica, que estaba viviendo en San Antonio de Arredondo  y comenzaron las visitas.

“Antes de conocer a Mónica estaba en una relación con un músico y compositor de Córdoba con el que habíamos empezado la carrera juntos, y estuvimos 13 años. Fue tremenda porque yo estaba en una relación de sumisión, hasta que pude darme cuenta.

Y empecé a ver a Monica en San Antonio, después alquilamos un departamento en Carlos Paz, mientras mantenemos la casa de mis padres en barrio Cofico. Me había quedado un dinero de la herencia de mi padre y decidimos comprar el terreno y construir en Icho Cruz Sierras, lugar divino, que amamos y elegimos con el corazón”.

Cuando la enfermedad te pone a prueba

A Mónica Avaca , muy joven le disgnosticaron Mistenia Gravis que es una enfermedad neuromuscular, de fatiga muscular crónica y autoinmune. “De buenas a primera todo cambió. Era como un muñeco de trapo. No pude volver a San Luis y después presente un proyecto para dar clases a través de un blog que aceptaron, pero tuve que presentar mi jubilación anticipada. Así que se empezó a concretar nuestra vida en Icho Cruz.

Las dos se pidieron matrimonio y el sí llegó vestidas de María Antonieta

“Cuando  resolvimos  casarnos, veníamos con proyectos de vida muy lindos , estar juntas y saber que la vida y el matrimonio no son fáciles. Ni hablar cuando se desata la miastenia y uno entiende lo que es acompañarse –   dice Sartori-  mientras se le quiebra la voz en el relato. Y no es todo placer, ni juego porque la vida no es lúdica. Y después de repasar todo lo que había logrado en mi vida le dije a Mónica “Me gustaría casarme con vos, porque es justo y necesario y le perdí el miedo a esa palabra”.

“En ese momento se había aprobado el matrimonio igualitario y los que hemos vivido la discriminación tremenda, por el color de piel  que nace en el seno familiar hasta las elecciones diferentes se abrió la puerta del matrimonio. Y  finalmente la fecha fue el 23 de agosto, en el registro civil de Icho Cruz”.

En sintonía las dos cuentan con picardía que se divirtieron mucho con la petición de matrimonio, ya que eran  unas renegadas al casamiento “porque no habíamos tenido experiencias  positivas anteriores, y no porque no hayas amado sino porque teníamos que solucionar muchas cosas personales”.

Mónica Avaca  detalla que “fue la primera vez que sentí la necesidad y vivir el amor de no tener dudas de casarme, es diferente todo. Es un amor al que agradezco, admiro mucho a Moni, disfruto lo cotidiano, tenemos mucho diálogo y conocernos los estados emotivos de cada una. Abrimos nuestro corazón  para mirarnos y somos compasivas entre las dos. En el día a día, aun cuando estamos mal también podemos permitirnos estar en otro espacio cuando lo necesitamos. Hay que tener mucha entereza para vivir y soy una amante de la vida, porque en mi familia hubo dos intentos de suicidio”.

Las voces son a dúo en este momento “Nuestro matrimonio generó un revuelo. Para nosotros era algo íntimo pero no nos dimos cuenta  de la dimensión social  que trascendió lo pequeño. Siempre nos sentimos acompañadas. Queremos andar por la calle, amándonos y ser respetadas”.

Y como artistas y creadoras decidieron que el traje de bodas resalte lo femenino, porque  eran dos mujeres las que se casaban. Sartori mueve su cabeza, abre los brazos y agradece en ese gesto a Doris Sánchez, la vestuarista de sus obras que es una maga y vive en Carlos Paz. “Realizó nuestra ropa desde un lugar de mucha ternura y cuando nosotros le contamos que quería que se realzara lo femenino porque era un boda de dos mujeres teníamos la fantasía del traje de María Antonieta y queríamos replicarlo, éramos dos Marías Antonietas y Doris se hizo unas creaciones únicas. Amamos esos vestido y Mónica Avaca agrega fue un juego muy divertido, con muchísimos cómplices y amor en ese día de casamiento”.

Todo es nuevo en estos meses. Entrevista por WhatsApp, correos e imaginación porque cada relato, lágrimas y risas, las viví como si estuviera con ellas, tomándonos unos mates, con una cercanía profunda, lo que quedará para días sin covid.

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