Omar Valdivia un pionero. “Me encanta estar en el kiosco. Se te hace carne”.

Puso el primer kiosco en San Antonio de Arredondo, en Avenida Cura Brochero, al lado del arroyo.

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Punilla al sur

Por Mónica Manrique

Treinta y cinco pasaron desde que Omar Valdivia dejara su trabajo en la construcción para emprender sin un peso, un camino inesperado: el de comerciante.

Nacido y criado en la zona del sur de Punilla, le cuesta aún definir los territorios delimitados geográficamente, porque en su pasado, el mapa que se fue construyendo estaba dibujado  por el río, monte, pájaros, una ruta que era un camino de tierra y caseríos de apenas diez familias diseminadas que conformaban su mundo.

Omar es quién recibe en la caja del kiosco, hoy un supermercado pequeño, con amabilidad y serenidad  a todos, aun cuando los que corren a contratiempo del reloj, apresuren su salida.

En el pueblo, hoy municipio, todos lo conocen. Lugareños y turistas. Antes que el tiempo no era apurado, podía conversar, saber las vivencias de cada uno de sus clientes y compartir relatos amigables. Hoy, pese a su esfuerzo, eso no es posible.

“Siempre se llamó Susy – comenta Omar- porque es el nombre de mi señora. Cuando fue creciendo el negocio ella  se agotó mal y entre la opción de cerrarlo se fueron dando distintas posibilidades.  Eran otros momentos.  Hoy, si me toca la oportunidad te la regalo”.

“Cuando recién lo puse, hace 35 años era poquísima la gente que había  más que todo gente de paso de fin de semana y temporada. En esas épocas la temporada de verano comenzaba cuando terminaban las clases, por noviembre-diciembre  y se extendía hasta mitad de marzo. Pero gente permanente muy poca”.

Los Valdivia, apellido con identidad enraizada

Omar nació hace 64 años “en la zona”, como le llama. “Viví mucho tiempo en Mayu Sumaj, pero antes era todo lo mismo. Llegábamos a diez familias en total y nada más. Cuando puse el negocio me vine a vivir a san Antonio. Antes no era “vos sos de Icho Cruz, Mayu o San Antonio. Era un  lugar de la zona. Por ejemplo. Las Jarillas sigue siendo lo mismo y de la zona sur. Hoy se cree que San Antonio es esto, lo que se ve. Siempre fue grande y es grande”.

Hijo de padres con el mismo apellido.  Clara Valdivia y Antonio Valdivia pero no eran parientes. “Los Valdivia por parte de mi madre eran de la zona de traslasierras y mi padre de La Cumbre.  Se encontraron en esta zona, porque las familias por diversos motivos se trasladaban. Los Valdivia se radicaron en la zona de las jarillas porque  mi abuelo vino a trabajar en un campo y fue echando raíces. Aquí preguntas ¿Y qué Valdivias?  El único que se vino para acá fue él. El resto de la familia se quedó en La Cumbre.

Rememora las épocas en que la familia tenía un sentido profundo. De encuentro y conmemoración  añorando esos días “Ya no existe más la relación familia. Antes para cada festividad se reunía toda la familia, hoy ni para un velorio”.

“Antes mi abuelo con sus diez hijos y los nietos del viejo Valdivia que deben ser como cincuenta y bisnietos cien. lográbamos reunirnos  y no todos se quedaron  aquí. En Las jarillas de donde son originarios ya no quedan casi Valdivias. El resto está en otras partes. Cuando vivía mi abuelo era un clásico juntarse en allá, pero se murió y se acabó”.

Mayu Sumaj, el lugar en que nacieron los hermanos Valdivia

Clara y Antonio recalaron como cuidadores de la casa de los Frontera, primeros habitantes y loteadores de lo que es Mayu Sumaj. Allí nacieron los dos hermanos: Omar, el mayor y Jorge “El Negro” Valdivia, el que es conocido por ser el bailarín, celador de sueños.

“Mis padres eran cuidadores de la casa de los Frontera en Mayu Sumaj – relata Omar-  y allí nacimos nosotros. Teníamos el arroyito que nacía frente a casa y de ahí hasta el río, 50 metros y no había nada. Monte y monte… para ir a la escuela primaria, la Juan José Paso, cruzaba   una chacra en la que sembraban maíz, después estaba la casa del Jorge y el Chumbi Carranza, y salíamos al camino de tierra para ir a la escuela”.

Era la infancia con libertad y tierra propia. Río dónde se podía pescar, juegos a las bolitas, juntar leña para aplacar el frío extremo y los trabajos en temporada para ganar unos pesos.  Omar Valdivia recorre su pasado y los mira frente a una ruta por la que circulan cientos de autos “En el verano compartíamos el trabajo en las costas del río. Yo vendía helados y mi amigo  pastelitos y caminábamos  desde las monjas hasta Mayu Sumaj  y solo se encontraba gente en el balneario o  Mayu. No había como llegar al otro lado del río hasta que se hizo el loteo y el puente  y al calor de 40 grados ni lo sentíamos”.

Hoy, mirar, ya no es lo mismo.

“No me gusta ver lo que miro todos los días. Yo estoy acostumbrado a levantarme, ver las sierras, los espinillos, el monte que era. Hoy ¿qué ves? Tejas, cahapas, árboles que no son nativos  y se me acabó mi visión. Y en todos lados  pasa lo mismo” manifiesta Omar.

“La relación con los clientes era familiar más que comercial y así fue creciendo todo.  Playas de Oro no existía, tampoco el barrio Buteler menos Colinas… era todo monte. Cuando vivía en Mayu Sumaj  éramos cinco familias que nos encontrábamos una vez a la semana y cuando vengo acá nos juntábamos  en El Rancho con Carlos Díaz, que también eran sus inicios. Pero el resto era trabajar y trabajar. Eran otras épocas. Hoy es muy exigente un comercio. A mí se me dio la posibilidad de crecer sin tener capital  era por etapas. La temporada te redituaba. Entonces en septiembre planeaba ampliar y pagaba en enero. Hoy no se puede hacer ni con la plata en la mano”.

Ante la pregunta si cambiaría su trabajo o  comenzar a disfrutar un poco del tiempo que no tiene categórico dice: Ni loco. Me encanta estar en el kiosco. Se te hace carne.

 

1 Comentario

  1. Muy buena gente !! tengo el honor de conocer a Omar ,Jorge y por supuesto a doña Clarita y don Toni !!un abrazo grande a kiosko Susi ,Susana una gran luchadora !!

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