Ronaldo Renison: ingeniero electrónico devenido en artesano

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Por Mónica Manrique

Su vida transcurre en Cuesta Blanca desde hace 70 años. Aún escribe cartas manuscritas y espera la llegada del cartero. Le gusta el jazz y leer. Posee una colección de discos antiguos de música clásica que los gastó de tanto escucharlos en su viejo equipo.

Supo tener una computadora usada que le regalaron y entonces por mail se mantenía en contacto con sus amigos y familia de Buenos Aires, pero como se rompió volvió a sus anotaciones a mano en los libros y las guarda en una de sus siete carpetas de manuscritos. “Tener un teléfono en la mano y conectarse por internet es una maravilla. En mis últimos años como profesional ya veía este avance, pero yo pertenezco a otra época” aclara.

La casa de Ronaldo Hilton Renison es un laberinto de plantas autóctonas y al ingresar, un paisaje de sierras y río que se ven desde los enormes ventanales, nos hace sentir que estamos en un mundo aparte. Su casa, tiene todos los colores y muebles de épocas que construyeron su presente y una extensión de jardines trabajados hasta hoy, a puro esfuerzo.

Descendiente de ingleses, tercera generación, su padre compró en 1946 uno de los primeros terrenos cuando comenzaron con los loteos “Veníamos con mi familia desde Buenos Aires a pasar las vacaciones y mi padre decidió comprar un lote y fue uno de los primeros que se vendieron y esta casa se construyó después de unos años, en el 48 y desde entonces llegábamos a Cuesta Blanca con mis padres, mi hermano y compañeros del colegio, para las vacaciones de fin de año y julio. Este lote lo compró mi padre porque en este lugar hay una especie de laguna con profundidad y ese año nos alojamos en Icho Cruz, en el hotel que se llamaba El Abuelo y veíamos todas las mañanas hasta este lugar a disfrutar del ensanchamiento que se forma en el río”.

Rolando con su familia vivían en la provincia de Buenos Aires, Don Torcuato, en donde ejercía su profesión de ingeniero electrónico vocación que despuntó en su niñez “En la primaria comencé arreglando radios a válvulas y me ganaba algún dinero, hasta que obtuve una pequeña beca en la universidad para estudiar. Me encantó siempre la electrónica, hasta que nos vinimos con mi mujer a vivir a Cuesta Blanca, a la casa que construyó mi padre, porque ya estaba harto no tan solo del trabajo técnico sino de las relaciones públicas. Yo no sirvo para eso”.

De ingeniero a artesano
Desde 1981 que vive en Cuesta Blanca. Rolando Renison rememora que “En 1980 llegamos para la navidad y nos quedamos para siempre. Yo conocí el lugar desde chico y estuvimos en hotel Cuesta Blanca el año que se inauguró”. Impulsado por su mujer decidieron un cambio rotundo de vida. Vendieron la casa de Buenos Aires, compraron dos propiedades pequeñas para alquilar y comenzaron a vivir de las artesanías.

“Fui ingeniero y trabajé hasta que vinimos acá y con mi esposa, que le gustaba mucho la pintura, al llegar hicimos una pequeña industria artesanal de cuadros con flores secas. Era increíble cómo se vendían. Yo no daba abasto. Me canse de la ingeniería y vinimos a hacer un cambio de vida a disfrutar. Me encanta la naturaleza, los paseos, caminatas. Conozco toda la zona dentro de un día de marcha. No extraño la ciudad, nunca me gusto y eso que vivíamos en lugar chico que fue creciendo y la última vez que tuve que regresar no lo reconocía. Semáforos, tráfico intenso, edificios torres, en fin… no es para mí”.

Con sus 84 años, pese a su vitalidad comenta “No me siento joven, la edad es algo inevitable. Todos pasamos por la vida y a esta edad siempre hay que estar haciendo algo. No soy una persona que se queda esperando que pase el tiempo y lleno el día con actividades. Me encargo de la cocina de la familia, mi hijo, nuera y nietos. Ya mi esposa no está y la extraño”.

Ante la pregunta respecto al paisaje impactante que lo rodea y el sentido de la soledad responde pragmáticamente “He perdido sensibilidad ante el paisaje. Con la edad uno va cambiando. Antes todo me sorprendía pero hay atardeceres hermosos con unas nubes amarillas muy intensas, pero no todos los días, que me gustan mucho. Tampoco puedo bajar al río ya, a disfrutar de ese pequeño ensanchamiento de agua, que nos trajo a vivir acá, desde chicos”.

Don Renison es muy amable y cordial, pero es un hombre palabras cortas y precisas, no le gusta demasiado hablar de temas personales “Soy bastante solitario. He perdido a mis amigos porque ya estoy viejo pero tengo uno que vive en forma permanente, el Dr. Héctor Crosetto y unos pocos que vienen de vacaciones. Estoy acostumbrado totalmente a la soledad, aunque a veces extraño mucho a mi esposa pero mi hijo y nietos está muy cerca”.
Con una memoria privilegiada comenta cómo fue la primera organización en Cuesta Blanca, de la que participó su padre.

Primera Comisión de Fomento de Cuesta Blanca 1967


La Comisión Directiva estaba integrada por Héctor Pavese, Presidente, Antonio Renta, Secretario, Jose Suarez, Tesorero, y los miembros : Hilton Clark Renison, Cesar Silvester, Hebe Marta Fairchild e Isaac Sanchez Lario. El acta de constitución se firmó el 29 de enero de 1967 para constituir una Comisión de Fomento y considerar diversos problemas de interés común. Tenía 16 artículos y se reglamentaba el funcionamiento de la Comisión, el agua y las calles.

Ronaldo sonríe y comenta “Mi padre estuvo poco tiempo, porque como siempre pasa en nuestro país, no se pusieron de acuerdo y eran cinco personas… entonces se fue. Acá había muy poca gente por lo que podíamos seguir sin autoridad formal durante muchos años. No había una reglamentación hasta que en Córdoba se formó la Dirección de municipalidades y comunas y después se fue exigiendo que los pueblos se fueran organizando”.

El progreso avanza

“Ahora se va poblando cada vez más y hay ruido de trafico los fines de semana y durante el verano. A mi gusta caminar mucho y que tener cuidado porque nos pisan los autos. Antes casi ni se arreglaban las calles porque no había tráfico, ahora la comuna tiene máquinas para todo, hasta un camión regador. Pero se ha trabajado mucho en el cuidado del medio ambiente que viene de mi familia. Yo no me he dedicado a la ecología y cuando ellos se instalaron en Cuesta Blanca, mi hijo y nuera que son biólogos han sido los promotores de la protección del medio ambiente y colaborando con las autoridades han logrado enseñar a la gente el valor de las plantas nativas. Y ahí aprendí lo que era la ecología”.

Hace mucho frío. Hora de partir y en el camino hacia la tranquera, muestra con orgullo el horno de barro que construyó hace poco, para usar la leña que tiene acumulada y ahorrar gas, que es un recurso no renovable. También recorremos el vivero con más de cien plantines de autóctonas para la reforestación- de mi hijo- aclara. Se saca su sombrero y saluda con una cortesía inusual para quienes vivimos días agitados.
Don Ronaldo Renison, ha puesto uno de sus viejos discos de pasta y se escucha muy lejano desde el camino, mientras recuerdo una de frases “Todos pasamos por la vida y a esta edad siempre hay que estar haciendo algo”.
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1 Comentario

  1. Linda historia, Mónica, muchas vacaciones he pasado en Cuesta Blanca, principalmente de chico y adolescente. y menos ya de grande, pero siempre recuerdo ese río y esos lugares con mucha nostalgia.

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