Sergio Frugoni: El hombre del río

Con 82 años, todos los días nada en el río San Antonio, lugar dónde la melodía del agua le acercó la felicidad

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Por Mónica Manrique

Sergio, conocido también como “Yogui” por los vecinos de La Curva, en San Antonio de Arredondo, tiene la piel color bronce y la flexibilidad de un joven  que hace la vertical y tiene posiciones de yoga, que deja asombrados a quienes lo miran por primera vez.

Desde hace diez años vive en San Antonio de Arredondo y desde el primer día en que se instaló va todos los días, mañana y tarde a  La Curva, lugar que lo enamora. “Salvo – comenta- algunos días de invierno cuando hace muchos grados bajo cero”.

El hombre del río, como le llaman, nació en Paysandú,Uruguay. Hijo de una familia numerosa con 11 hermanos, dónde el hambre apremiaba, decidió en 1958  viajar a la Argentina, con 20 años, buscando trabajo en la construcción, en la que ya trabajaba desde los 10 años.

Y fue a Chubut, trabajó en  Trelew, Rawson,  Esquel y  en la cordillera. Pero el frío inclemente hizo que se enfermara de los pulmones  y el médico le recomendó que viajara a Catamarca o Córdoba y así recaló en la ciudad mediterránea.

La lectura, el estudio y la falta de escolarización

Sergio relata “Fui solamente dos años a la escuela primaria en Uruguay  porque éramos muy numerosos en mi familia y había que trabajar. Solito desde chico me las arreglé. Y siempre leí,  pasaba una hoja volando y la agarraba, los diarios que dejaban por ahí, los papeles que dejaban abandonados…con la lectura aprendí a escribir. Yo escribo feo porque no practico la escritura  pero se cómo se escribe y hasta corrijo cuando veo algo mal escrito”.

Sergio es un excelente conversador, informado, y con una importante cantidad de  libros leídos que presta a los amigos, a la orilla del río.

“Los libros siempre están ahí. Te abren la cabeza. Por eso no uso internet ni celular. Veo algo de televisión, los informativos, pero no mucho. Prefiero estar afuera y no adentro.

El hombre del río

“Me gusta que me llamen el hombre del río- dice riendo-  porque el hombre siempre busca reconocimiento  y  ahora que soy grande y me pongo  a indagar  lo sigo buscando. Y el río es lo que me da ese reconocimiento. Me da todo. No existe uno sin el agua. Y este río San Antonio tiene una melodía que es imposible no escucharla”.

Como  pocos, conocedor de cada recodo de La Curva, comenta “No hay sonidos de la naturaleza que molesten, solo los del hombre atentan contra la salud. Escuche- me interpela-  el río viene esta mañana con Tchaikovski, Bach , Händel . Son pocos los que comprenden el amor por el río. Hay gente que vive en san Antonio y no viene nunca”.

La magia se vive cuando uno se detiene

Y Sergio Frugoni continúa enhebrando palabras “Acá vive la magia que solo se puede vivir cuando uno se detiene. Si andamos corriendo, no la encontraremos nunca. Tenemos todo cerca para ser feliz. Por ahí hay gente que cree  que hay que ir al fin del mundo con cosas pomposas que te venden, y lo tenés al lado tuyo. A metros de tu casa”.

Y hablando de sueños comenta “Toda mi vida soñé estar en un lugar donde sintiera el sonido de la casacada del agua y si no fuera por mi Señora, que decidió venir acá, yo no venía. Ya estaba grande, con 72 años para andar por ahí”.

Antes de las 8 de la mañana Sergio ya está frente al río haciendo yoga, con el silencio necesario para concentrarse. Después llegan los saludos y el diálogo con todos los que llegan hasta el lugar y a las 11 parte a su casa, para regresar a las 16.

Mientras se pone su gorro, recoge sus chinelas, comienza a caminar  de repente se da vuelta y exclama “Fijate como se mueve todo. Aunque parezca, hasta las piedras se mueven.  En la vida todo es movimiento, el universo nunca fue estático. Todo se mueve dentro de uno y afuera. Y este río, te enseña todo. Hay saber escucharlo nomás.

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