Yeye Mantini: De chapista a empresario. Humorista y showman, enraizado en San Antonio.

"Todo lo hice de cara rota, trabajando 16 horas diarias y lo sigo haciendo".

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Por Mónica Manrique

David Ernesto Mantini, nacido Yeyé. Su nombre deviene que una historieta que leía su madre cuando estaba embrazada y a pesar de su  doble nombre fue “El Yeye”, al que le sacaron la tilde y quedó con esa impronta desde hace 55 años.

Yeye desconcierta frente a un grabador. Es carismático, ríe permanentemente, se emociona y aflora el “tano” cuando aborda temas que tocan la realidad local.

Nació en la provincia de Buenos Aires, en un pueblo llamado 9 de julio, donde vivió con sus padres; estudió hasta tercer año y se puso a trabajar buscando el peso que faltaba.

A los 14 años comenzó como ayudante de chapista en la agencia Ford; se puso su propio taller a los 20 años y hasta se construyó una casa en ese pueblo que usaba como referencia en medio de sus andanzas por Mataderos, San Justo, Haedo y el paso siguiente fue poner su taller hasta que a los 21 le llegó la oportunidad  de ser socio en un boliche bailable en Pirovano, provincia de Buenos Aires.  “Era un pueblo 1.200 habitantes y allá por  1984 – rememora- estábamos trabajando espectacularmente  porque venían de todas las zonas cercanas, hasta que se inundó  la provincia de Bs As y nosotros nos ahogamos, por supuesto”.

Mira por la ventana del Complejo Namasté-su último desafío- y recuerda “Habíamos sembrado 200 hectáreas de trigo  y perdimos todo y de vuelta a 9 de julio. A veces había trabajo, sino iba a las cosechas, manejaba un tractor y como ya tenía el taller  comprábamos autos, los arreglábamos  y  vendíamos. También tuve un quisco: Poseidón, frente a mi casa. En el taller comenzamos a pintar camiones y un colectivo con letras degradé, que fueron furor.  “En ese entonces- muestra una foto con la cabeza llena de rulos-yo tenía pelo y era muy cara rota”.

“El dueño del colectivo que pinté hacía viajes, me comentó que se quedó sin chofer y viajaba a Carlos Paz, me ofrecí a ir.- comenta riéndose a carcajadas- ¿En serio que manejas? me preguntó. No manejé nunca pero me quiero ir. Y me vine nomás. Me pusieron una camisa azul y una corbata e hice el viaje  contando cuentos. Daniela Schneider, la chica que era guía me dijo ¿por qué no te quedas de coordinador? pero  no sabía que era eso  así que me explicó y vi que había comisiones por todos lados y lindas ciudades y dije: esta es la mía. Me divierto y me pagan. Esto es para mí”.

Y como coordinador de  viajes estudiantiles, llega la anécdota del  encuentro que  se organizó en Mar del Plata en enero de 2009,donde se congregaron más de 3000 egresados de distintos lugares del país, y como titula la nota de la revista Gente “El Mejor”. El profesional recreation-man Ye Ye fue convocado para el gran desafío. Hoy, luego de terminado, se consagró como el mejor”

Humorista, locutor, mozo, vendedor de viajes y empresario teatral

“Me vine y me quedé acá nomás- cuenta Yeye.  Corrían los ´90 y el primer año sale la oportunidad de hacer un casting para Midachi, me presenté y pasé la primera prueba para hacer el doble de Miguel Del Sel. Éramos ochenta, después quedamos 20, 8 y al hacer la prueba de teatro y me pidieron un curriculum que no tenía. ¿Entonces, cómo se presenta Usted? yo actúo de la mañana a la noche siendo coordinador de viajes y así trabajé con Midachi”.

Desfilan los nombres de empresarios, artistas, lugares que hoy cerraron y la historia atravesada por el mango que había que ganárselo. Durmió en un hotel donde trabajaba de mozo al mediodía y a la noche en el teatro. Se trajo a sus padres a vivir a Siquiman porque se habían quedado sin trabajo en  9 de Julio e hicieron de caseros y él de encargado del Complejo El Pinar.

“A la noche hacía locución en Keops para los estudiantes y dormía en el auto. Tenía un R6 verde que le decíamos el Pituco porque se les abrían las puertas, estaba muy podrido, pobrecito. Hay tantas gente que me dio una mano cuando se me quedaba el auto…Después trabaje un poco en Brasil y un poco acá, vendiendo viajes estudiantiles hasta que llegó el padre Julián García de los Franciscanos

A empezar de nuevo y en San Antonio

Hombre astuto Yeye y de reflejos rápidos. Inquieto y  caradura, con un olfato especial para generar de la nada el proyecto más ambicioso y concretarlo. Después de dos horas de conversación en un atardecer sereno y el hotel silencioso, me pregunta

-¿Sabés cómo llegué acá y me quedé?

-Un día llega el padre Julián García de los Franciscanos al complejo Pinar preguntando por Yeye y me comentó que tenía un campo que dormía 10 meses y trabajaba dos, con  seis hectáreas parquizadas en San Antonio de Arredondo. Tenía 207 asadores, 36 baños y ahí comenzamos a trabajarlo, con el 50% para mí y el otro 50% para la Orden. El 3 de noviembre de 1999 después de una temporada exitosa, con pre compras con las empresas de turismo, le da un ataque al corazón y se muere el padre. El sacerdote que lo reemplaza me dijo que mi trabajo no condecía con la Orden. Diez familias quedamos en la calle. Después de esa noticia  y con un perrito que era mi compañero nos fuimos caminando por la orilla del río para el lado de Carlos Paz y encontramos un terreno que decía “se alquila”. Hoy camping Sol y Río”.

El 6 de julio del 2000, día de mi cumpleaños, lo alquilo y arranco con 211 pasajeros ininterrumpidamente hasta el día de hoy. Se lo sigo alquilando a la misma gente, una gente maravillosa. Al principio, para alquilarlo, tuve que cumplir muchos requisitos y fue difícil conseguirlos, porque no me conocían. Mientras buscaba todos los papeles que el abogado me rechazaba, ya me había subido a un tractor a cortar el pasto. Hasta que un día, un amigo querido “El Negro” vino con un sobre amarillo donde traía la escritura de su casa y con eso alquilé el camping y empecé con las  delegaciones de estudiantes y jubilados.

Sigo trabajando 16 horas diarias, pero era más feliz cuando tenía menos cosas

-¿Qué te empuja a seguir con este ritmo de trabajo?

-Al principio fue la necesidad increíble de poder mantenernos con mis viejos y segundo la idea que uno puede hacer las cosas. Quienes venimos de muy abajo solo aprendimos a trabajar, no a quedarnos con algo ajeno, a falsear a la gente. No se puede bajar los brazos. Tenía y sigo teniendo mucho entusiasmo. Soy un soñador. No me quedo con lo que hice sino con lo que va a venir. Me proyecto para adelante. Pudimos hacer las cabañas Duendes de las Sierras y con eso trabajamos en otro rubro, pero dedicado al turismo y después nace Namasté, con mucho sacrificio siendo empleado de mis empleados hasta que tuve la suerte de obtener un crédito que sigo pagando y pudimos terminar el hotel. Vendí todo lo que tenía, hasta una lancha que era mi pasión. La lancha está en la cocina, la venta fue por canje de heladeras, electrodomésticos y la veo cada vez que entro.

A los 55 años me estoy replanteando que era más feliz cuando tenía menos cosas, me divertía mucho más. Mi sueño es viajar y cada vez que puedo lo hago. Mi soledad me encanta, con un poco de pasto, olor a tierra mojada, soy feliz. El asfalto ya no me gusta. Por eso amo San Antonio de Arredondo. Y de acá no me voy a ningún lado.

 

 

1 Comentario

  1. Recuerdo la tarde en que Yeye nos contaba su historia, claro que jamás podría transcribirla y sintetizarla como ud. Hermosa historia de perseverancia, lucha y compromiso con los ideales .Felicitaciones a la redactora y al relatado!!!Cariños desde Frías.

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