El sábado pasado hacíamos un breve aporte sobre el turismo y la cultura en nuestras comarcas del sur de punilla (Ver Nota), donde, a grandes rasgos y guiándonos por corrientes filosóficas clásicas y contemporáneas, podíamos vislumbrar la gran trampa de nuestros días y los paradigmas propuestos a la hora de planificar y ejecutar políticas públicas, en estas temáticas, con el único fin de lograr generar un contenido que sepa desarrollar la industria local, con identidad y bajo el desafío de poder contener al nuevo público enmarcado bajo lineamientos que atentan con el real disfrute de lo ofrecido.

Bajo esta apreciación de la coyuntura regional, en el día de ayer nos encontramos con la incapacidad por parte de dos comercios de la localidad de Villa Río Ycho Cruz, de poder renovar su habilitación, en el segmento de ofrecer espectáculos culturales y de interés general.

Esto, obviamente fue sólo la punta del iceberg, porque no hubo sector del quehacer artístico y vecinal en general, que no se sintiera amenazado, tal es así, que inmediatamente artistas reconocidos y quienes iniciaron sus primeros pasos en este lugar, vía redes sociales, se solidarizaron y condenaron, la maniobra ilegal por parte de la municipalidad. Colectividades que representan y muestran de entero la creatividad de nuestra región, se sienten ahora en peligro mortal y con razón. Este tipo de maniobras la ejerce sólo un municipio con vocación suicida y decidido a sepultar su arte y su trascendencia, y que muestra tanta brutalidad con estas torpezas.

La Cultura en casi todas sus expresiones y matices, representa la esencia misma de lo que es una región, formada a partir del culto y cuidado de sus tradiciones históricas. Por eso, nada más idiota que aplastar a la cultura, negándola en nombre de ninguna razón.

La Cultura no es un concepto que quepa en el lenguaje ególatra de la lógica del politicucho incapaz de gestionar en pos del desarrollo del pueblo que le cede el poder de gestión, porque concentra todo lo que es contrario a entrega, colonialismo, sumisión y alineamiento a foráneos. Cultura implica rechazar pactos oscuros, y tener disposición a luchar por lo propio. Como la creación cultural es sinónimo de libertad porque la creación es libre o no es. En el vocablo está implícita la indeclinable preservación de la autosuficiencia de los recursos, el cuidado ambiental, y el freno absoluto a punteros importados. Y ésta no es una cuestión teórica solamente, sino práctica y concreta: economía regional y circular. Rescate del patrimonio ancestral. El valor paisajistico que guardan nuestras localidades, hoy abusado por crecimiento demográfico desmedido, sin planificación ni planes de manejo multidisciplinarios y participativos.

En el presente esto es cada día más visible y define la lucha ideológica porque el atropello bestial al quehacer cultural y comercial, se empata con la entrega de nuestros bienes naturales. Y todo amparado en un sistema económico dilapidador que fetichizan y consolidan emprendimientos inmobiliarios u obras faraónicas provinciales que desnaturalizan la libertad de expresión con verdad, esa que viene muriendo porque casi todos los gobiernos han facilitado que hoy verdaderamente se gobierne desde la falacia o eslóganes tergiversados o importados desde el vacío mismo de la idea robada de otras décadas en otras latitudes con otro arraigo. Tal es el caso testigo del famoso “Yo Amo…”, importado desde la década del `80, desarrollado en Nueva York y super explotado bajo la abreviación “I Love NY”. Síntesis del materialismo y la prerrogativa del sentimentalismo mercantil que asocia emociones como estándares de aceptación social.

Campaña diseñada en Nueva York hace varias décadas. Cualquier parecido con la poca inventiva local, no es pura coincidencia.

En el duro presente que vive nuestro país, anular la significación artística de nuestro pueblo, golpeado ya hasta la exasperación, implica anular la creatividad de cineastas, poetas, pintores, músicos, escultores y las mil expresiones de una cultura popular que hoy, todavía, es un orgullo. Por eso, es pavoroso comprobar que la Ley parcial, no sólo recorta todo en Cultura, sino que se dirige a anularla. Y la razón de esa sinrazón es evidente: un pueblo culto sabe ser, porque entiende y siente el concepto, mientras la ignorancia y la entrega garantizan corrupción y alianzas políticas inescrupulosas, con el único objetivo de eternizar la mala política de unos pocos.

No se entiende tanto absurdo, pero la Cultura sólo estará garantizada cuando el pueblo tome la palabra.

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