Esto lamentablemente no se trata del libro del eterno Eduardo Galeano, aunque sí, de un relato que pasa por las miserias que vive nuestra sociedad, producto de tantas vueltas de un sistema que genera las mayores de las negatividades y los menores de los aciertos.

Es que mezcla lo mejor y lo peor, lo increíble con las bondades de aquellos que todavía (la expresión coyuntural futbolera) elegimos creer que se puede y que la lucha aún sigue en pié.

Ahora, que tendrá que ver una historia que mezcla un accidente en la entrada de Mayu Sumaj, el jugador de fútbol de River Plate, Juan Ramón Carrasco, aquel que compartió equipo, por ejemplo, con el mítico Alonso.

Esto ocurrió el Sábado 7, en horas del mediodía, un motociclista pierde el equilibrio y cae a la carpeta asfáltica en la entrada de la localidad mencionada.

Ante esto, un grupo de personas en el lugar, en vez de asistir al herido, se preocupó por sus pertenencias, un celular y unos anteojos y se dieron a la fuga de la escena del accidente. Se primó, el valor del fetiche social por excelencia de nuestros tiempos, por sobre la vida e integridad de la persona. Pero con el condimento de que esos prófugos, seguramente de manos húmedas por los nervios y corazones que rebotarían en el pequeño pecho, eran niños.

Niños que creyeron que la vida vale menos que un simple celular. Que tal vez, la posibilidad de poder convertirse ellos también, ansiosos, sobre todo eso, querer pertenecer a esa mayoría, deseosos como en la extraordinaria (no tanta) ficción de Orwell, y someterse gustosos a esa dictadura electrónica que promete felicidad garantizada.

Otra vez, la historia del fútbol, se relaciona con la realidad de nuestra vida diaria y no solo la de los potreros, sino desde lo que nos pasa con los más pequeños con la sociedad que los debe contener.

Toda esta escena, ocurrió ante los ojos de personal de Tránsito y Defensa Civil de la localidad, que atentos a lo ocurrido, asistieron al accidentado, que por suerte solo padeció algunos raspones y golpes menores. Por otro lado, pudo darse con el paradero de aquellos que se llevaron sus pertenencias.

Ante algunas averiguaciones, se dio con los objetos materiales y se los devolvió a su dueño, quien fuera hijo del jugador mencionado.

La sorpresa de quién se accidentó, por haber “perdido” objetos materiales, fue muy grande, no por el sentido material, sino por su contenido sentimental.

Siempre el destino se cruza y toca las hebras más sensibles de nuestra comunidad, y pone en tela de juicio lo significativo y a sus significantes para formar una voz social que le dé una explicación de lo que nos pasa como comunidad y cuáles son nuestras prioridades, la pasión del fútbol, el valor de la vida, la honestidad y la construcción del futuro.

Como dije al principio, elijo creer.

Devolución de pertenencias por parte del Coord. Defensa Civil de Mayu Sumaj, Carlos Vidosa.

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