La imposición del nombre “José Manuel de la Sota” al paso subnivel de Villa María -inaugurado hace 20 años, en la primera gestión del fallecido ex gobernador-, fue el escenario para enviar un mensaje a Juan Schiaretti por parte del principal aglutinador de los opositores internos al actual mandatario: Martín Gill, intendente de esa ciudad y ex Secretario de Obras Públicas de la Nación hasta diciembre.

Desde esa secretaría -en la que siguió teniendo injerencia tras su salida del gabinete-, Gill conformó un conglomerado de casi un centenar de jefes comunales peronista y vecinales, afín al Frente de Todos, grupo que expresa un descontento con las formas de conducción de Schiaretti en la “retirada” del Gobierno provincial. En el grupo de intendentes, definen a la situación como “destrato permanente” por parte de los delegados del mandatario.

En junio, Gill hizo una demostración de fuerza cuando reunió a un centenar de jefes comunales y dijo que “no se resignaba” a que el peronismo cordobés fuese llevado a un acuerdo con el PRO. Algo similar piensa en la intimidad De la Sota respecto del “panrradicalismo” que “explora” Schiaretti en sus reuniones con Gerardo Morales y Facundo Manes. La diferencia es que De la Sota se mantiene leal a la máxima instaurada por su padre: quien gobierna, define la estrategia del PJ.

En el acto en cuestión, Gill destinó un párrafo a José Manuel de la Sota que pareció un tiro por elevación a Juan Schiaretti. Dijo del ex gobernador: “De la Sota construyó un peronismo moderno, no avergonzado de ser peronista. Tuvo la capacidad de encontrar la unidad en la diversidad. Cuánta falta nos hace el pensamiento de José Manuel”.

Durante el proselitismo electoral en Marcos Juárez, cuando algunas encuestas vaticinaban el triunfo de la aliada de Schiaretti, Verónica Crescente, De la Sota hizo saber su malestar por la estrategia de “desperonizar” la campaña de Hacemos por Córdoba. Como se recordará, en esa elección el oficialismo provincial renunció a su marca para llamarse “Unidos”.

“Lo que se está reclamando es que Schiaretti convoque a los intendentes destratados por sus delegados departamentales y que Martín Llaryora levante el teléfono para comenzar a dialogar; si no, seguramente buscaremos apuntalar la candidatura de Martín Gill en acuerdo con otros sectores del peronismo cordobés”, dice un intendente que ve como posible un acuerdo con los sectores duros del Frente de Todos, un esquema que en los papeles previos puede cosechar 10 puntos vitales en la próxima contienda.

Aunque el malestar de este intendente con Schiaretti es común a la mayoría de los jefes comunales que orbitan en torno a Gill, el reclamo es “regresar al peronismo” y sentar al de Villa María en la mesa de decisión. “Gill es peronista, no kirchnerista. Y el que está combatiendo al peronismo y causando conflictos al alejarse del peronismo es el gobernador; el error de Marcos Juárez está a la vista”, opina uno de los intendente que juegan a fondo con Gill y que se entusiasma con un acuerdo con el delasotismo.

LPO

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