Embalada en 850 kilos de cajas, es la nueva estrella del Centro de Cómputos de Alto Desempeño (CCAD) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Se trata de una supercomputadora que se convertirá  en la más potente del país para usos científicos y tecnológicos.

“Es una nueva máquina que estamos agregando al cluster que tiene la universidad desde hace varios años –explicó Marcelo Mariscal, investigador principal del Conicet y vicedecano de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC–. Estamos triplicando el poder de cómputo que teníamos”.

La máquina tiene una capacidad pico de 156 billones de operaciones con números decimales por segundo y será utilizada para cálculos y modelaje de proyectos en temas de astronomía, química, biotecnología, ciencias sociales, estadística, física e ingeniería.

Fue adquirida en el marco del Programa de Adquisición de Grandes Equipamientos que impulsa la Secretaría de Ciencia y Tecnología de esta universidad, e implicó una inversión de 371 mil dólares.

La potencia de estas máquinas se mide en “teraflops”, que representan el número de operaciones matemáticas que pueden hacer por segundo. Según explica Mariscal, en la actualidad, la más potente es la que tiene el Servicio Meteorológico Nacional, de 200 teraflops. Serafín tiene casi 160. “Sumando todos los clusters con que contábamos hasta ahora, disponíamos de 50. Es un salto muy importante”, destaca.

Serafín quintuplica la capacidad de Tupac, la supercomputadora insignia del país en la década pasada, que está alojada en el Polo Científico Tecnológico de Palermo, CABA.

Algunas comparaciones.

Está compuesta por 60 nodos o “cerebros” de 32+32 núcleos (3840 en total). Una PC moderna tiene 6 núcleos y 8 GiB de RAM; o sea que ésta es 640 veces más potente, explica Nicolás Wolovick, doctor en ciencias de la computación y docente de la universidad, en los materiales de difusión del CCAD. Cada uno es equivalente a más de 10 PC, pero todas en una, sin necesidad de red. “Son 10 veces más ‘densas’ que una PC y están conectadas con una red de alta velocidad 100 veces más rápida que las conexiones Ethernet”.

Esto es lo que hace de una supercomputadora algo diferente de una suma de computadoras personales: la conectividad y velocidad de transferencia de los datos en simultáneo. “Es una tecnología completamente diferente –subraya Mariscal–. Una de las cosas interesantes es que permite estudiar sistemas cada vez más parecidos a los reales. Por eso, son herramientas muy poderosas para hacer investigación científica. Hoy, prácticamente todo exige alguna simulación o modelo teórico (además de la experimentación) para una mejor interpretación”.

“En el caso ideal, si un problema tarda 30 horas de cálculo en una de las computadoras de Serafín, con 30 tardará una hora y si ponemos todas a funcionar, tardará solo 30 minutos”, ilustra Wolovick.

Serafín (que, según las estimaciones, tenía apenas el 8,2% de la potencia de cálculo de la menos potente entre las TOP500 del mundo en el momento de entrar en producción) costó 380.000 dólares, pero hoy se inaugura un nuevo edificio para albergarla que salió más de 60 millones de pesos. En total, la inversión fue de unos 2.400.000 dólares.

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