Plantean que hay que producir más alimentos, de un modo más eficiente y sustentable. No rechazan el uso de agroquímicos, para cubrir la alta demanda: “la agricultura argentina no puede prescindir completamente de los productos fitosanitarios sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción”. Y proponen alternativas, como usar variedades resistentes a plagas, la rotación de cultivos y el manejo integrado de plagas.

destacó la importancia de “considerar otras estrategias de manejo que son alternativas y complementarias como el uso de bioinsumos, rotaciones, controles mecánicos y manejo de fechas de siembra que permiten un menor uso de insumos químicos”.

A su vez, Eduardo Trumper –coordinador del programa de protección vegetal y especialista INTA Manfredi, Córdoba– aportó una mirada más amplia: “Prescindir o no de los fitosanitarios dependerá del encuadre de cada productor, dado que hay situaciones muy heterogéneas y concepciones diversas de la agricultura, todas válidas según lo que se priorice”.

Carrancio reconoció que “el uso de insumos químicos es una práctica muy arraigada en los actuales sistemas productivos que resulta difícil cambiar, a pesar de que existen alternativas, como la agroecología. Si bien es una opción viable, su alcance es limitado”.

“Hay diversas estrategias productivas disponibles que deben ser consideradas antes de la siembra y permiten reducir el uso de insumos, tales como el uso de variedades resistentes a plagas. Además, es necesario fortalecer el monitoreo, el uso de criterios sólidos para la toma de decisiones y, cuando se justifica, aplicaciones eficientes y precisas”, enfatizó Trumper.

El informe subraya la “necesidad de poner el foco en el uso eficiente y responsable de los fitosanitarios». Y alude a las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA). Según detallan, las malas prácticas generan “un impacto en el ambiente y en la salud, vinculadas con el aporte difuso de plaguicidas por deriva directa o indirecta, escurrimiento o erosión, o bien el lavado de equipos aplicadores sobre cursos de agua o la disposición final de los envases vacíos”.

Montoya coincidió con la importancia de las BPA en los sistemas y en “la capacitación constante de todos los actores que forman parte de las producciones y, en especial, de los operarios, quienes tienen un rol trascendental en las aplicaciones”.

A su vez, recomendó a todos los productores asesorarse con profesionales en la agronomía, dado que “son los únicos que cuentan con el conocimiento y los recursos técnicos para el manejo del sistema productivo en general y del control de plagas y uso de fitosanitarios, en particular”.

Sasal agregó que “las BPA abarcan, también, a la elección de producto adecuado, en un momento climático específico lejos de las lluvias a fin de evitar escurrimientos y erosión”.

En este sentido, Trumper aseguró que “hay una tendencia global de ir hacia una producción agropecuaria en transición hacia un menor uso de insumos de síntesis química”. Sasal reconoció que “hay una tendencia global y una mirada social que nos impulsa a ir hacia sistemas productivos con un menor uso de insumos químicos”. Y completó: “Debemos aprender a producir de manera rentable, pero sin impacto ambiental”.

Una problemática, decenas de alternativas

El informe destaca la extensa trayectoria del INTA en investigar y difundir estrategias sustentables que colaboran en reducir el uso de insumos químico tales como el manejo integrado de plagas y el control biológico con tácticas de evasión a partir de las fechas de siembra o la obtención de variedades resistentes a plagas.

O bien, la implementación de la llamada “Técnica del Insecto Estéril”. Esta estrategia consiste en la liberación masiva de machos estériles para una disminución substancial de la reproducción de las plagas.

A su vez, el desarrollo y adopción de las técnicas de solarización, biofumigación y biosolarización han contribuido a la reducción del uso de fumigantes químicos en los cultivos bajo cubierta. Esta última técnica además contribuye a la economía circular por permitir el uso de residuos locales y a la degradación de plaguicidas acumulados en el suelo.

Por su parte, las rotaciones de cultivos y los cultivos de cobertura se encuentran entre las principales y más reconocidas BPA para reducir la erosión eólica, hídrica y reducir el escurrimiento superficial, y por lo tanto minimizar las fugas de contaminantes que pudiesen ocurrir a través de dichos procesos.

Otras prácticas muy difundidas por el INTA para la conservación del suelo son la sistematización de tierras y la siembra directa (SD), así como el considerar el período entre momento de pulverización y eventos de precipitaciones constituye otra de las estrategias de minimización de pérdidas de fitosanitarios.

El informe realizado por los especialistas del INTA plantea un abordaje integral del uso de productos fitosanitarios y recupera el aporte del organismo en cuanto al desarrollo de estrategias, tecnologías y conocimiento que colaboran con el manejo de plagas y enfermedades de los cultivos.

Para Carrancio, resulta “muy importante” que, frente a la tensión que genera esta temática, el INTA aporte conocimiento y genere información para la toma de decisiones: “El uso de agroquímicos genera controversias. Es una problemática que requiere ser debatida para que el actual sistema productivo y la agroecología puedan convivir”.

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