Pregunto porque percibo que Sergio M (M de megaministro) tiene que hacer Algo, para retener expectativas. La herramienta fundamental de la política, que Alberto perdió. Estoy seguro que el Sergio lo sabe, y estará preparando conejos para sacar de su galera. Quise pensar, en un fin de semana largo, cuál es el que yo elegiría. Pensé en un tigre, porque un conejo no duraría mucho entre los lobos.

Atención: tengo claro que su desafío inmediato es mantener la devaluación paulatina en curso y evitar el Salto, que puede romper tobillos… o cuellos. Ojo: esta decisión puede no ser de Sergio, ni de Cristina. A lo peor, la toma la Realidad, con sus modales bruscos (Bah, si yo estuviera en su lugar, quizás apostaría a una Deva importante (dólar a $250+), subir retenciones, y un IFE generoso. Gracias a Dios, NO es mi decisión).

Pero el problema central y persistente de Argentina -repito y repito aquí y en AgendAR- no es el tipo de cambio. Es la inflación. Y las devaluaciones, grandes o chicas, no bajan la inflación. Al contrario, la alimentan.

Para bajar la inflación, la receta es archiconocida. Se aplicó en todos los países del mundo que lograron bajarla, desde niveles moderados, altos o altísimos: EE.UU., Israel, Brasil, Venezuela… Bajar los gastos del Estado, aumentar sus ingresos, bajar -mucho- la emisión… Lo que empezó a hacer Guzmán, quería hacer Batakis, y ahora trata de hacer Sergio.

En Argentina, con una puja distributiva feroz, y sin un Estado fuerte, es una tarea muy difícil, casi imposible. Pero, bueno, para eso se les paga a presidentes y megaministros. Si no pueden, tendrán que buscarse otro trabajo. O vivir de la fortuna familiar, como el Mauricio.

Eso sí, bajarla es una tarea lenta, en el mejor de los casos, que no es el nuestro. Mientras, como dije, hay que hacer Algo. Sugiero empezar por olvidarse de un lugar común: éste no es un país bimonetario de libro de texto, uno en que circulan dos monedas.

El peso y el dólar tienen funciones diferentes. El dólar es la reserva de valor, que además se usa en la compraventa de inmuebles. El peso se usa en los gastos corrientes, en los pagos del Estado a los locales, y -si uno es gerente de finanzas de un grupo económico- en la especulación con los intereses (trabajo de riesgo; pregúntenle a Black Rock). El peso es una moneda de 2da., que se desvaloriza con el transcurrir del tiempo (como proponían algunos economistas en los ´30 del siglo pasado).

El hecho que a nadie se le puede ocurrir ahorrar en pesos se hizo tan evidente, que ya estudian en el gobierno ideas como el «bono Vaca Muerta». Un papel que se ajuste por el precio del petróleo. No me parece una buena idea.

Una contra es que el precio del petróleo es inestable. Seguro, seguirá como combustible al menos un par de décadas, y luego será una valiosa materia prima de la industria química. Pero su precio baja y sube, mucho, en meses. A veces, en semanas. Igual, lo que me parece el error principal de la propuesta es que es un bono.

Para lograr confianza en un bono, en cualquier papel, se necesitan décadas. Que toda la coalición gobernante, que toda la oposición (una fantasía) juren que lo van a respetar… no sirve de nada. La ventaja de emitir una nueva moneda «dura» (el peso Tigre del título -ajustable, se me ocurre, por una canasta de los precios de la soja, el trigo y el maíz) es que aunque no le tengas confianza (no se la vas a tener, ya sé) si te pagan con eso, lo agarrás.

¿A quiénes pagará el Estado con el peso Tigre, a quiénes con el viejo peso, a quién el país, si alguno, habrá que pagarle en divisas? ¿Qué impuestos y servicios servirá para pagar el peso Tigre? Bueno, esas preguntas son las que las sociedades pagan a sus gobiernos para que las respondan. No esperen que lo haga este bloguero, gratis.

¿Servirá de algo, además de concentrar la atención y las expectativas por un par de semanas? Creo que sí. Tal vez lo más importante: irá acostumbrando a la gente, y a las reparticiones del Estado, a manejarse con una moneda que mantiene su valor, conservando al mismo tiempo la capacidad de emitirla. Bah, a tener una moneda nacional como hoy tienen la mayoría de los países.

Abel

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